domingo, 26 de agosto de 2012

SOBRE EL ELOGIO DE LA DIFICULTAD

Por Andrés Álvarez Arboleda
La idea que presenta al filósofo como el único ser apto para gobernar, sugerida en las páginas de Platón, dista de ser congruente en un sistema democrático que propone la igualdad entre los seres humanos en la carrera por el poder. Pero uno pregunta qué ocurriría si la clase política se detuviera a reflexionar juiciosamente sobre los temas que plantean la filosofía política o la ética (filosofía moral), si, por ejemplo, se llegaran a cuestionar por la justicia o por la naturaleza de las sociedades humanas. Quizá la política dejaría de ser una catarata de infortunios.

Lamentablemente, sabemos que eso no ocurrirá. Los políticos profesionales están demasiado ocupados en “ser prácticos”, en resolver los problemas coyunturales de la administración pública. Qué tiempo van a tener para la filosofía si no lo tienen ni siquiera para adquirir una mínima noción del derecho o de la ciencia política. Incluir en la agenda una reflexión consciente complica las cosas, y la clase política parece no estar en condiciones de asumir esa dificultad, mejor le queda acomodarse en los plácidos cojines del facilismo. No obstante, en esa misma actitud de comodidad irreflexiva nos situamos quienes, no teniendo poder, somos la base sobre la cual el poder político se fundamenta, los cuales vemos con indiferencia, irresponsablemente, cómo manejan nuestro destino.

Es en este punto donde quisiera hablarles de un texto sobre el que siempre vale la pena volver, que pese a haber aparecido hace más de treinta años mantiene la vigencia intacta. Me refiero al Elogio de la dificultad de Estanislao Zuleta, continente de una sustancia intelectual que nos invita a abandonar el actuar facilista en el campo social a partir de asumir la responsabilidad por el propio ser. Un texto que ilustraría bastante bien a la clase política y a la ciudadanía de a pie sobre algunas de esas actitudes que, a pesar de ser tan cómodas, hacen tanto mal a una sociedad.

Pero volvemos al punto que antes mencioné. En palabras de Zuleta, “en lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido”. Suponiendo que usted es uno de aquellos escasos seres dispuestos a sacudirse el velo, amantes de cuestionarse a sí mismos y mirar críticamente el entorno, lo invito a acercarse al Elogio de la dificultad.

Para empezar, el texto nos pone de manifiesto un problema fundamental en nuestro anhelo de felicidad. Deseamos mal. Queremos una sociedad en la que la abundancia se perciba de manera espontánea, sin esfuerzos, más que una sociedad realizable que exige una trabajo constante para hacerla benévola. En todo caso pasamos por alto la necesidad de tener en cuenta al otro, en sus diferencias, dentro de los proyectos con los que buscamos satisfacer nuestros deseos, y, como resultado de esa ligereza, terminamos en dos posiciones límite.

La primera, la asunción de una doctrina, de una ideología absoluta y dogmática que pretende someter la realidad al ideal valiéndose casi siempre de medios terroríficos. Cuando se asume una concepción paranoide de la verdad (una verdad profética), quien piensa distinto es considerado un peligro, se le interpreta a la manera totalitaria de “el que no está conmigo, está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo”. Esto a la final trae una sentencia de aniquilación contra lo que no va acorde con el grupo, contra los opositores y diferentes: contra el enemigo. 

Y la otra posición límite es la completa desidealización en la que tampoco tienen ya cabida, por caerse en el extremo del pesimismo, el escepticismo y el realismo cínico, no tienen cabida, como decía, los cuestionamientos y la crítica a una sociedad injusta. En este caso, Estanislao Zuleta escribe: “a la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el sólo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior”.

El texto nos invita a renunciar a las cadenas del facilismo que tanto amamos, y a comprometernos, definitivamente, en una búsqueda alternativa de la felicidad que reconozca la necesidad de un arduo trabajo. La dificultad esencial está en incluir dentro de ese proyecto el sentido del respeto, la reciprocidad y la tolerancia. Sí, tal vez si los políticos de turno y nuestra sociedad civil se entregaran a la tarea del pensamiento, a reflexionar sobre estos asuntos, nuestra realidad sería otra.

2 comentarios:

  1. Aquí el link del texto El elogio de la dificultad: http://www.elabedul.net/Documentos/Temas/Literatura/Elogio_de_la_dificultad.pdf

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  2. Señor Andrés, felicitaciones por dos cosas:
    1. Me gustó mucho el artículo ya que propone una tarea obligada para todo aquel que sueña con un mundo mejor, y es la lucha de la "utopía", entendiéndose esta palabra como "un imposible temporal", tarea que no ha sido fácil.
    2. Ofrecer un espacio como estos, es enriquecedor tanto para quienes se atreven a hacerlo como para quienes se acercan a leerlo.

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