sábado, 15 de septiembre de 2012

LOS CAMINOS DE LA PAZ

Por Alejandro Arcila Jiménez
Hay hoy en el país dos temas que revisten especial importancia, no es uno muy diferente del otro aunque parezcan, ni reviste mayor importancia el uno que el otro aunque los medios hayan hecho mayor escándalo al primero que al segundo, además de estas precisiones iniciales cabe advertir también que aunque no sean distantes uno del otro tampoco son necesariamente incluyentes, ambos son temas independientes, pero que se conectan –como supongo se conectan todas las cosas del mundo –en algunas partes. Las introducciones sobre estos temas sobran aunque yo me empeñe siempre en introducir los temas de una u otra forma; para redondear la idea y no cansar al lector, los dos temas de los que hablo son: Educación y Paz; y creo que con esas dos palabras se acercará el lector medio a los verdaderos temas que quiero tratar, pues evidentemente no son tan genéricos, sino al contrario más concretos, tan concretos como la situación actual de la Educación y el trabajo que está desarrollando la Mesa Amplia Nacional de Estudiantes, por un lado y por otro, los diálogos de paz que se ventilaron hace unas semanas y que comenzarán en octubre de este año.

Ante ambos procesos soy optimista, aunque un poco menos respecto del segundo, sin embargo no puedo dejar de lado mi corriente pensamiento pesimista que me impide pensar positivamente –recuérdese el artículo publicado en este mismo blog que se titulaba desautoayuda, digamos que soy todo lo contrario a un Paulo Coelho (y menos mal) –el pesimismo es para mí y para los hombres que están dispuestos a hacer algo por el mundo, para los optimistas el mundo está demasiado bien así y no hay nada que hacer, o en el mejor de los casos está mal pero hay que concentrarse en verle el lado positivo; esto último me revuelve el estómago de sólo pensarlo. Pero el pesimismo no es de lo que iba a hablar en este artículo, así que volviendo a entrar en materia hablemos de por qué presentaba el tema de la forma que lo presenté en el primer párrafo, justifiquemos las primeras dos o tres ideas de este artículo:

Son ambos temas de importancia nacional y en eso, creo, nadie puede estar en desacuerdo, ambos son temas vitales para el país, tanto el uno como el otro, comprometen definitivamente el futuro del país y de nosotros –si es que este país y nosotros tenemos futuro. Así que respecto de la importancia que revisten no quedan muchas dudas y justificado está que yo lo considere así.

En segundo lugar, dije que no eran diferentes el uno del otro aunque parecieran y es cierto que parecen cosas completamente incompatibles, sin embargo no lo son, en la medida en que ambos procesos están buscando cosas similares, probablemente el lector haya levantado la cabeza y abierto los ojos, incluso puede que esté buscando el cuadro de comentarios para insultarme, pero calma, ya explicaré porque pienso que ambos buscan cosas similares: uno propone una reforma educativa trascendental para el país, una reforma que, sin lugar a dudas, de salir cambiaría completamente el rumbo del país y que en buena medida, como reza el subtítulo del documento de exposición de motivos –que terminó de redactarse el 9 de septiembre en la ciudad de los parques, Bucaramanga –una nueva propuesta educativa para un país con Soberanía, Democracia y Paz. De esto debo decir que si bien la educación no es el único alimento de la paz, una sociedad educada es el cimiento para una sociedad en paz, la educación es una de las condiciones –junto a otras como la igualdad, la justicia social, las condiciones de vida decentes para todos, entre otras –sin las cuales hablar de paz es imposible. Igual para los otros dos adjetivos Soberanía y Democracia. Ahora en esa misma medida hablando del proceso de paz entre el gobierno y las FARC, aún no he entendido muy bien si también el ELN se sentará o no –si alguien sabe, por favor infórmeme –podemos decir que si se llama proceso de paz, indudablemente una de sus finalidades es la paz, así concluimos que uno de los fines de la propuesta de la MANE y el de los diálogos de paz es el mismo, sobre los otros dos (Democracia y Soberanía) diré solamente que un país con un conflicto interno tan grave como el nuestro no podrá ser soberano ni democrático. Quiero advertir antes que no estoy diciendo que la Mesa Amplia Nacional de Estudiantes parezca una Mesa de diálogo, y ojalá que no se torne así; tampoco estoy diciendo que porque ambos busquen cosas similares las estén buscando por la misma vía, ni que un proceso deba absorber al otro, esto sería terrible.

En tercer lugar he dicho que no reviste uno mayor importancia que el otro, y es posible que por afirmar esto haya quien esté satanizándome en este momento, lo entiendo, generalmente se pensaría que la paz, esa cosa que llamamos “paz” y de la que tanto nos gusta hablar, a pesar de no conocerla ni siquiera de lejos, sea un tema más importante, si usted está pensando eso, le diré que pensamos igual, la paz es el tema más importante, sin embargo los diálogos de paz no son más importantes que todos los demás procesos que se adelantan para conseguir la paz, evidente es que la paz no es sólo la salida del conflicto –aunque no puedo negar que estamos a portas de un paso definitivo hacia la paz, salir del conflicto es básico para construir una sociedad pacífica –también la paz requiere un cambio drástico en nuestra sociedad, en Colombia no hay paz no porque haya grupos armados ilegales, sino porque las condiciones para una sociedad pacífica no se han dado nunca, y si no sembramos las bases de esa paz ahora, de nada servirá que las FARC se desmovilice –en caso de que lo hiciera –sucedería lo mismo que con la famosa “desmovilización” de las AUC, proceso que como vimos, de nada sirvió; porque una sociedad injusta, sin oportunidades, sin igualdad, una sociedad maleducada y con hambre, no está preparada para la paz, la paz le puede a una sociedad como la nuestra; eso no quiere decir que nunca tendremos paz, al contrario este es el llamado a trabajar para gestar todas las condiciones sociales necesarias para tenerla.

Repito de nuevo y no me cansaré de repetir, que no son la salida del conflicto y la educación condiciones suficientes para alcanzar la paz, pero si condiciones necesarias, si queremos alcanzar esa escurridiza paz, que más bien parece un ideal utópico inalcanzable, debemos sentarnos a construir y a destruir: a construir un nuevo modelo de educación y un nuevo modelo de país –con todo lo que implica esto –y destruir un conflicto anquilosado, anacrónico y caduco, por la vías del diálogo y la concertación, estas son las únicas vías posibles para alcanzar la tan anhelada, en un país que lleva tantas décadas sedienta de ella, un país que no la conoce pero que la desea, un país que habla de ella por referencias.

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