Hay hoy en el país dos temas que
revisten especial importancia, no es uno muy diferente del otro aunque
parezcan, ni reviste mayor importancia el uno que el otro aunque los medios
hayan hecho mayor escándalo al primero que al segundo, además de estas
precisiones iniciales cabe advertir también que aunque no sean distantes uno
del otro tampoco son necesariamente incluyentes, ambos son temas
independientes, pero que se conectan –como supongo se conectan todas las cosas
del mundo –en algunas partes. Las introducciones sobre estos temas sobran
aunque yo me empeñe siempre en introducir los temas de una u otra forma; para
redondear la idea y no cansar al lector, los dos temas de los que hablo son:
Educación y Paz; y creo que con esas dos palabras se acercará el lector medio a
los verdaderos temas que quiero tratar, pues evidentemente no son tan
genéricos, sino al contrario más concretos, tan concretos como la situación
actual de la Educación y el trabajo que está desarrollando la Mesa Amplia
Nacional de Estudiantes, por un lado y por otro, los diálogos de paz que se
ventilaron hace unas semanas y que comenzarán en octubre de este año.
Ante ambos procesos soy
optimista, aunque un poco menos respecto del segundo, sin embargo no puedo
dejar de lado mi corriente pensamiento pesimista que me impide pensar
positivamente –recuérdese el artículo publicado en este mismo blog que se
titulaba desautoayuda, digamos que soy todo lo contrario a un Paulo Coelho (y
menos mal) –el pesimismo es para mí y para los hombres que están dispuestos a
hacer algo por el mundo, para los optimistas el mundo está demasiado bien así y
no hay nada que hacer, o en el mejor de los casos está mal pero hay que
concentrarse en verle el lado positivo; esto último me revuelve el estómago de
sólo pensarlo. Pero el pesimismo no es de lo que iba a hablar en este artículo,
así que volviendo a entrar en materia hablemos de por qué presentaba el tema de
la forma que lo presenté en el primer párrafo, justifiquemos las primeras dos o
tres ideas de este artículo:
Son ambos temas de importancia
nacional y en eso, creo, nadie puede estar en desacuerdo, ambos son temas
vitales para el país, tanto el uno como el otro, comprometen definitivamente el
futuro del país y de nosotros –si es que este país y nosotros tenemos futuro.
Así que respecto de la importancia que revisten no quedan muchas dudas y
justificado está que yo lo considere así.
En segundo lugar, dije que no
eran diferentes el uno del otro aunque parecieran y es cierto que parecen cosas
completamente incompatibles, sin embargo no lo son, en la medida en que ambos
procesos están buscando cosas similares, probablemente el lector haya levantado
la cabeza y abierto los ojos, incluso puede que esté buscando el cuadro de
comentarios para insultarme, pero calma, ya explicaré porque pienso que ambos
buscan cosas similares: uno propone una reforma educativa trascendental para el
país, una reforma que, sin lugar a dudas, de salir cambiaría completamente el
rumbo del país y que en buena medida, como reza el subtítulo del documento de
exposición de motivos –que terminó de redactarse el 9 de septiembre en la ciudad
de los parques, Bucaramanga –una nueva propuesta educativa para un país con
Soberanía, Democracia y Paz. De esto debo decir que si bien la educación no es
el único alimento de la paz, una sociedad educada es el cimiento para una
sociedad en paz, la educación es una de las condiciones –junto a otras como la
igualdad, la justicia social, las condiciones de vida decentes para todos,
entre otras –sin las cuales hablar de paz es imposible. Igual para los otros
dos adjetivos Soberanía y Democracia. Ahora en esa misma medida hablando del
proceso de paz entre el gobierno y las FARC, aún no he entendido muy bien si
también el ELN se sentará o no –si alguien sabe, por favor infórmeme –podemos
decir que si se llama proceso de paz, indudablemente una de sus finalidades es
la paz, así concluimos que uno de los fines de la propuesta de la MANE y el de
los diálogos de paz es el mismo, sobre los otros dos (Democracia y Soberanía)
diré solamente que un país con un conflicto interno tan grave como el nuestro
no podrá ser soberano ni democrático. Quiero advertir antes que no estoy
diciendo que la Mesa Amplia Nacional de Estudiantes parezca una Mesa de
diálogo, y ojalá que no se torne así; tampoco estoy diciendo que porque ambos
busquen cosas similares las estén buscando por la misma vía, ni que un proceso
deba absorber al otro, esto sería terrible.
En tercer lugar he dicho que no
reviste uno mayor importancia que el otro, y es posible que por afirmar esto
haya quien esté satanizándome en este momento, lo entiendo, generalmente se
pensaría que la paz, esa cosa que llamamos “paz” y de la que tanto nos gusta
hablar, a pesar de no conocerla ni siquiera de lejos, sea un tema más
importante, si usted está pensando eso, le diré que pensamos igual, la paz es
el tema más importante, sin embargo los diálogos de paz no son más importantes
que todos los demás procesos que se adelantan para conseguir la paz, evidente
es que la paz no es sólo la salida del conflicto –aunque no puedo negar que
estamos a portas de un paso definitivo hacia la paz, salir del conflicto es
básico para construir una sociedad pacífica –también la paz requiere un cambio
drástico en nuestra sociedad, en Colombia no hay paz no porque haya grupos
armados ilegales, sino porque las condiciones para una sociedad pacífica no se
han dado nunca, y si no sembramos las bases de esa paz ahora, de nada servirá
que las FARC se desmovilice –en caso de que lo hiciera –sucedería lo mismo que
con la famosa “desmovilización” de las AUC, proceso que como vimos, de nada
sirvió; porque una sociedad injusta, sin oportunidades, sin igualdad, una
sociedad maleducada y con hambre, no está preparada para la paz, la paz le
puede a una sociedad como la nuestra; eso no quiere decir que nunca tendremos
paz, al contrario este es el llamado a trabajar para gestar todas las
condiciones sociales necesarias para tenerla.
Repito de nuevo y no me cansaré
de repetir, que no son la salida del conflicto y la educación condiciones
suficientes para alcanzar la paz, pero si condiciones necesarias, si queremos
alcanzar esa escurridiza paz, que más bien parece un ideal utópico
inalcanzable, debemos sentarnos a construir y a destruir: a construir un nuevo
modelo de educación y un nuevo modelo de país –con todo lo que implica esto –y
destruir un conflicto anquilosado, anacrónico y caduco, por la vías del diálogo
y la concertación, estas son las únicas vías posibles para alcanzar la tan
anhelada, en un país que lleva tantas décadas sedienta de ella, un país que no
la conoce pero que la desea, un país que habla de ella por referencias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario