Trastornado me encuentro, y no es para menos, siento
que me ha entrado una terrible paranoia, ahora me cuido a cada paso, siento que
me persiguen para meterme a la cárcel por ladrón, porque eso es lo que creo que
me imputan, estar robando a cada instante y me tratan como un delincuente por
eso, por “robar” según ellos.
Y es que ahora parece más difícil no robar que robar,
ya me da miedo, porque todo es un hurto, la última noticia que me hizo sentir
un malvado delincuente fue la de un juez que castigó en Londres a un fotógrafo
por “reproducir” la famosa carátula del “abbeyroad” de los Beatles y a otro por
tomarle una foto a un bus rojo al frente del parlamento inglés, parodiando a la
famosa fotografía en blanco y negro; los argumentos del juez son muy simples,
son tan absolutamente sencillos y geniales que no entiendo cómo no se le
habrían ocurrido a otro juez antes, este fallo en sí es toda una obra de arte
judicial, que esperemos esté protegida por derechos de autor para que no pueda ser
copiada ni en nuestro país ni en ningún otro, para él la protección de los
derechos intelectuales abarca también las ideas y que la pose y el lugar de una
fotografía es ya una idea que merece ser protegida por la ley. ¡Qué genialidad
de argumento!, y lo digo esperando que se note el sarcasmo y el miedo que me
produce pronunciar dichas palabras, porque puede que ese mismo fragmento y con
esa misma entonación con la que lo ha leído usted, amigo lector, se le hubiera
ocurrido a cualquier otro maravilloso o no tan maravilloso escritor o blogero.
Y el miedo mío, es porque ya no puedo distinguir lo
que es original de lo que es copia, ya desconfío hasta de mis propios escritos.
Por eso creo que tengo al FBI encima con sus letreros verdes que salen en las
películas y menos mal que se acabó Sayco y Acinpro porque hasta esta semana me
daba miedo colocar música duro en mi casa, no fuera que vinieran a sacarme a
rastras del baño, todavía medio enjabonado que porque estaba cantando una
canción de Lucho Bermúdez (digamos que la “poyera colorá” ) y que me llevaran
a la cárcel o peor aún me pusieran una de esas multas que sabían poner ellos
tan bien, para proteger a los artistas que tristemente en nuestro país mueren
pobres y que nunca se han sentido respaldados por una asociación como esta que
lo único que hace es cobrarle a los unos y a los otros para proteger a no sé
quién.
El tema este se calentó esta semana con lo de la ley S.O.P.A.
en Estados Unidos y con el cierre de aquella famosísima página, de la que hasta
yo, que me había considerado alguien decente hasta hace unas semanas, había
llegado a descargar música y películas piratas. Es por eso que estoy cuidando
cada paso, no vaya a ser que así era que andaba Eric Clapton o quién se yo y me
caigan por robarle el caminado. Y es lo
que decía más arriba, me da un terrible miedo con todo lo que hago, con la
forma como escribo, el acento con el que hablo, los chistes que cuento, porque
según la nueva doctrina internacional en materia de copyright es más fácil
estar copiando que estar siendo original, ahora pareciera que se le presume a
uno la copia “es copiado hasta que se demuestre la originalidad” (que seguro
por esta me la pueden montar que porque estoy parafraseando la presunción de
inocencia).
Lo propio aquí es preguntarse por las obras de arte y
los derechos de autor, es evidente que yo como autor de cualquier obra, de arte
o de otro tipo, desearía que se me reconociera la obra como mía y que si me
puedo beneficiar de ella pues mucho mejor, pero en qué me beneficia a mí como
autor ser dueño de mi obra si èsta no puede ser sujeto de copia, si ésta no
puede ser reproducida, replicada, contradicha, citada, publicada, burlada, en qué
le aporta a la humanidad una obra que no puede ni siquiera ser evaluada y
corregida, es que la copia es importante, importantísima diría yo, si algo ha
mejorado el mundo sin duda es la copia, en palabras de Andrés Álvarez, que lo
cito para evitarme líos, “los hermanos Wright no tuvieron que inventar la rueda
de nuevo para poder hacer el avión” y es cierto, aunque él lo decía en otro
contexto aquí es igualmente válido, la cultura humana, el conocimiento, la
ciencia, el arte, no parten de la nada, ellos necesitan pararse en alguna cosa
para poder hacerse a sí mismos, decir que la copia de una idea constituye la
violación de los derechos de autor es igual a decir que don Miguel de Cervantes
era un copión porque utilizó la idea del códice para publicar su libro, o que
la vacuna contra la malaria que desarrollaron en Colombia es una obra ilícita
porque utilizó sin pagar todos los conocimientos de biología y de química de
los que requerían para desarrollarla.
Es probable que me digan que no es esto igual a copiar
la idea de una fotografía, pero si es análogo, la obra de arte, sea cual sea,
requiere de la utilización de otras técnicas aplicadas en otras obras de arte,
de ideas previamente concebidas por otros autores y sobretodo de los vacíos de
estas para acrecentar el conocimiento que tiene la humanidad. Es pues igual de
valioso el libro de las 7 Tragedias que el de la Odisea, aunque el primero se
haya valido del segundo para existir.
La copia el único daño que causa es hacer crecer a la
humanidad, las obras de cualquier tipo, de arte, académicas, científicas, no
pueden resultar de la nada, no son ni serán nunca originales completamente pero
esto no las hace menos valiosas. ¿Qué habría sido del conocimiento humano si
las obras creadas por un alguien no hubieran sido copiadas y mejoradas por
otros seres humanos?
Iba a comentar, pero me asusta que puedan acusarme de copia. Mejor dejo así....
ResponderEliminarExcelente artículo Alejandro. En estos casos el derecho sirve sólo para perpetuar injusticias, leyes como S.O.P.A no protegen a los creadores, sino a las grandes disqueras y empresas que en muchos casos explotan los talentos de los verdaderos artistas. Se elimina el acceso a la gente de escasos recursos a la información, se perpetúan las desigualdades sociales.
ResponderEliminarEn cuanto a lo de mi frase utilizada en el artículo, nos vemos en el juzgado.
hey, alejo que buen articulo.
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