Con
frecuencia, las buenas intenciones resultan siendo superiores al talento y la
fuerza con las que uno cuenta para abordar una obra. Así, lo único que queda es
intentar hacer las cosas de la mejor forma posible y traicionar esas buenas
intenciones. Y, aunque no puedo afirmar que lo dicho aplique para todas las
personas, sí ha sido la regla bajo la que se ha regido mi vida y todas las
acciones que he emprendido.
Opinión a la Plaza
(antes Plaza Republicana), ha sido precisamente una de esas obras que he abordado
con mayores intenciones que talento, traicionando el ideal inicial, pero al fin
y al cabo, construyendo una realidad de la cual se puede sacar algo bueno. Pese
a los errores, las faltas de estilo, la incapacidad de manejar las herramientas
electrónicas, el poco conocimiento de las realidades políticas y sociales, y
por qué no decirlo, la pereza que puede producir escribir o leer un artículo de
opinión, este espacio cumplió su primer año; y a pesar de que el resultado difiere
mucho de la intención original, ha sido un año lleno de gratas sorpresa que en
mucho sobrepasaron las expectativas planteadas junto a las buenas intenciones.
Les
voy a contar la historia. Algo así como un 29 de diciembre de 2010, creo que
debido a que la política se había convertido en un tema ineludible en las
conversaciones con mis amigos en un café, uno de ellos (mi primo Juan Camilo), me propuso abrir un blog de crítica social. Como
he sido una persona más o menos inquieta con este tipo de cosas, un par de
horas más tarde estaba sentado frente al computador mirando cómo diablos se
creaba un blog. La satisfacción fue grande cuando le empecé a “coger el tiro” y
pude terminar de abrir ese espacio en la web al que sin pensar mucho, y por mi
afición a Rousseau, llamé Del Estado Civil,
nombre que sólo duró un par de horas dada la implacable amonestación de mis
amigos del café por haber puesto un nombre que sólo le podía decir algo a
quienes estuvieran en el estudio del derecho o la ciencia política.
Sin
pensar mucho, al igual que al darle el primer nombre, decidí llamar al blog Plaza Republicana. Así, todo parecía
estar bien, sin embargo, yo sentía que algo faltaba; “¡SE TENÍA QUE PUBLICAR EL
PRIMER CONTENIDO!”, y así nació el primer artículo, el Estado soy yo, con el que empezó todo el proceso del espacio.
Desde entonces la apariencia del blog, al igual que su nombre, ha cambiado un
poco.
La
experiencia ha sido gratificante: treinta y cinco artículos; casi cuatro mil
visitas desde Colombia, Estados Unidos, Canadá, México, Guatemala, Venezuela,
Argentina, Reino Unido, España, Francia, Alemania, Italia, Rusia y Corea del
Sur; y sobre todo, la posibilidad de discutir sobre temas de la realidad que
nos rodea. También una lluvia de críticas, a veces de las que llaman
constructivas, ha caído sobre este espacio y quienes publicamos en él. Todo
esto lo anima a uno a seguir adelante, a pesar de que las cosas no se den tan
bien como se dan las buenas intenciones.
Hay
varias cosas que se podrían deducir del hecho de que alguien abra un blog: que
este sujeto quiere mostrarse en los medios, que busca imponer su visión del
mundo o pretende aparecer como una importante personalidad. En definitiva, que
crear un blog es un acto de vanidad. Para mi caso, no descarto todas esas
posibilidades. Pero, además de mi egocentrismo y vanidad de bloguero, la
intención de crear un espacio semejante es la de posibilitar un punto de
encuentro para compartir y debatir opiniones, para escuchar (o leer)
atentamente los argumentos del otro y dar paso a la reflexión crítica, a la
tolerancia.
En
resumen, como decía Antonio Machado en su libro Juan de Mairena, “vosotros sabéis que yo no pretendo enseñaros
nada, y que sólo me aplico a sacudir la inercia de vuestras almas, a arar en el
barbecho empedernido de nuestro pensamiento, sembrar inquietudes”. En eso
consiste el ánimo de Opinión a la Plaza.
Habrá
algunos cambios para este año. En vista de la buena respuesta de los lectores a
los artículos de opinión cortos y más simples, intentaremos mejorar el rigor y
extensión de las publicaciones para que éstas puedan nutrir de mejor manera el
pensamiento y la discusión. Además, se ampliará el espectro de temas, ya no
sólo las publicaciones versarán sobre la política y temas sociales, sino sobre
todos los asuntos que involucran al ser humano, desde el arte hasta la ciencia.
Agradezco
a todos los lectores de Opinión a la
Plaza por apoyar este proyecto, a los que se han atrevido a publicar sus
artículos, a Alejandro Arcila y Santiago Sosa por su activa participación, a
Juan Camilo Álvarez por la idea de crear este espacio. Sólo esperemos que
seguir adelante no se quede en buenas intenciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario