Por Andrés Álvarez Arboleda
Cuando el humor es el
recurso de la crítica, permite hacer los comentarios más agudos a la vez que
genera la expresión de espontaneidad por antonomasia de los seres humanos: la
risa. Una “risa nerviosa”, claro
está, porque el mensaje que se nos transmite bajo cuerda nos impacta y nos pone
ante los ojos las más crudas injusticias y las realidades más desalentadoras. Y
no es poco común que recordemos menos a políticos y académicos por logros en su
profesión, que por su capacidad de tener las palabras adecuadas en el instante
exacto para darnos un momento de hilaridad al mismo tiempo que nos tocan las
fibras del pensamiento.
Hagamos el experimento:
piense en el programa de gobierno que desarrolló Winston Churchill en el
ejercicio de sus actividades como Primer Ministro del Reino Unido, y luego
intente traer a colación varios de sus célebres comentarios con los que tanto
sorprendía en su época. O, en el caso de Albert Einstein, trate de recrear en
su cabeza las teorías general y especial de la relatividad, y posteriormente,
recuerde alguna de las respuestas que ofreció a la prensa.
Al menos para mí, es mucho
más fácil pensar en comentarios de Churchill del calibre de “el mejor argumento en contra de la
democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”, o, “La
política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una
vez”. Y, tampoco podría
entender ni explicar la teoría de la relatividad, pero sí traer a colación la
frase “sólo hay dos cosas
infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro”.
Es apenas lógico. Al
valerse de un recurso como el humor, se lleva la comunicación a un nivel más
universal y accesible. La actividad
crítica y reflexiva de observar lo que ocurre en el mundo se potencializa
cuando es compartida con todos, con las personas más instruidas en la materia,
con los legos y con los que se ven inmersos en los mayores conflictos y condiciones más precarias de vida. Y es
lo que permite el humor al liberar el rigor de ciertos discursos para hacerlos
más amigables.
Pero el humor es una cosa
muy seria, sobre todo cuando se quiere utilizar para hacer una crítica
responsable a la política y a los momentos de coyuntura de un país. Esta tarea
es la que los columnistas de opinión desempeñan en los medios, y es más que
aplaudido el hecho de que a través del humor lancen sus apuntes más agudos.
Daniel Samper Pizano lo hace de una manera impecable, tiene un estilo fluido en
la escritura, soporta cuanto dice con buenos argumentos y su buen humor es a la
vez espontaneo y pertinente.
Sin embargo, no ocurre lo
mismo con su hijo, uno de los columnistas más leídos en Colombia. Daniel Samper
Ospina no ha entendido la responsabilidad del columnista de opinión ni la
seriedad de la utilización del humor. Éste no se puede utilizar tan sin
fundamento en una columna como para querer hacer un chiste por línea, que entre
otras cosas, termina por tornarse molesto. Por supuesto, admito que leía y
celebraba su stand up comedy escrito, pero después empecé a notar los lugares
comunes y a aburrirme.
Fueron varias las
consideraciones que me llevaron a esta opinión. En primer lugar, la crítica
debe recaer sobre los argumentos y acciones, no sobre la persona ni sobre sus
rasgos físicos. No es posible sostener que una crítica válida sea decir que
Clara López tiene bigote o que José Galat tiene doscientos años. Eso no es
irreverencia sino irrespeto por el otro, y si por casualidad da risa la primera
vez, luego de una exagerada recurrencia, el apunte hostiga.
Otro aspecto que no pude
aguantar más es la impertinencia e irrelevancia de sus apuntes. Ante el hecho
macabro de que un presidente asuma un segundo período de manera ilícita, por la
compra de votos de dos congresistas para la aprobación de la figura de la
reelección, se ensaña en hacer mofa de la escena en la que Uribe se le
arrodilló a Yidis Medina en un baño del Palacio de Nariño, como si fuera muy
gracioso un atentado de tal magnitud contra la democracia.
Por último, y quizá el
carácter que con mayor determinación me ha llevado a desdeñarle como
columnista, es que en toda esa centena de frases que hila como si fuera una
colcha de retazos (o de chistes) no es posible vislumbrar ni un solo argumento
razonable, no hay una premisa que soporte alguno de sus enunciados. Eso es,
precisamente, lo que buscamos en la opinión, puntos de vista bien
fundamentados, que tengan la intención de convencer al lector mediante un
discurso racional. En conclusión, Daniel Samper Ospina debería dedicarse a ser
payaso.
En este punto, vale la pena recordar a Jaime Garzón quien nos presento las infinitas posibilidades que ofrece un humor inteligente para denunciar los vicios de la política y la degeneración ética de una sociedad, y nunca renunció a esas pretensiones de cambio social, aún cuando terminaron por costarle la vida. Aprendamos a leer críticamente, exijamos a nuestros escritores y columnistas que asuman con responsabilidad su tarea, fundamental para reflejar el mundo que nos tocó vivir.
Me uno a la crítica contra Daniel Samper Ospina. Yo igualmente leía su columna, ya me parece sumamente triste, a diferencia de los escritos de Samper Pizano, de quien conservo varios libros con agrado. El humor siempre servirá para deshacerse de alguna 'pullita', su lugar, por lo menos en mi vida es privilegiado y seguirá siéndolo, creo, por siempre. Ojalá la gente recurriera más a las risas, probablemente la vida sería más llevadera...
ResponderEliminarAlguna vez escuché que "hay cosas tan serias que de ellas sólo se pueden hacer chistes" no recuerdo muy bien el autor de la dichosa frase pero la celebro, sin embargo el humor no puede ser al costo de los argumentos, el humor es de caracter meramente funcional, para dejar fluir la critica de argumentos de una manera más límpida.
ResponderEliminarComparto la opinión, Daniel Samper Opina resulta bastante entretenido la primera vez que se lee, pero luego de hacerlo resulta no sólo ofensivo sino también aburrido e impertinente.
ResponderEliminarCambiando un poco de tema, me gustaba más el fondo anterior del blog.
Gracias por el comentario. Por estos días estaremos trabajando en la imagen del espacio.
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