Hace unos días venía sintiéndome
sin alientos, desanimado, un poco enfermo, medio angustiado o “alicaído” que
llaman. El fenómeno era comprensible; uno a estas alturas del año ya no es
sujeto, que el final del semestre, que los exámenes, que las carreras para
organizar las cosas que para poder salir tranquilo a vacaciones, que el
artículo de Opinión a la Plaza que se demoró una semana más de lo convenido,
que hay que salir de rumba, que, que, que… y pues al final uno termina, como
diría mi mamá: “escurrido”. Y ese “escurrimiento” no es un asunto únicamente
físico, toca también el alma (esa vaina que no sirve como para nada diferente a
aburrirse), que más que al cuerpo la cosa trasciende incluso lo
psicológico y llega al punto de tocar con la propia esencia de uno mismo. El
caso es que entré en una leve depresión-cita y no había podido levantarme del
bajón, por sugerencia de mis familiares decidí una mañana, después de
levantarme, no poner la onda sonora de la radio nacional, como
siempre, sino poner algo más “movidito” a ver si me mejoraba el
ánimo; lastimosamente no encontré sino un par de emisoras de esas que ponen
música navideña todo el año y a la fuerza dejé una de las dos.
Después de sonar un desabrido “ballenato”
–así con B “grande” porque el Vallenato con V es el que hacían Escalona, Alejo
Durán o Alfredo Gutiérrez y no esa cosa que pasan por las emisoras –y una
canción de parranda, todavía me sentía “Down” como diría algún míster, sin
embargo empezaron los comerciales y la cosa iba mejorando, por lo menos no estaban
pasando esa “música” ya, de repente sale de la nada “la Gran Cura Milagrosa” el
tarro de jugo de noni y de arándanos concentrado para mejorar la presión
arterial por diez-y-nueve-nueve-noventa, ¡todo un gangazo!
Quizá, pensé, mi dolencia es
también física, porque una persona joven no tiene por qué estar cansada en este
tiempo del año, y ante el descubrimiento que hice me sobrecogió una enorme
preocupación, hombre, me dije (yo siempre me trato a mí mismo de “hombre” por
la confianza que me tengo), ¿será que me hago revisar de un médico? Y milagrosamente,
de la cajita negra hermosa llamada radiorreceptor o “radiecito”, salió la
respuesta a todas mis dolencias: “chéquese con la última tecnología, el multi-sensor-cuántico-electrónico
de la José Celestino Mutis que detecta hasta 390 enfermedades del cuerpo y del
alma” ¡DEL ALMA!, ¡qué oferta! Así fue que decidí tomar el teléfono y hacer dos
llamadas, primero a la señora del sonsonete que anunciaba el jugo ese milagroso
y que me terminó vendiendo también el gran “bio tensor” para la disfunción eréctil,
porque uno nunca sabe; segundo a la José Celestino Mutis para separar mi cita
con la máquina esa alemana, que siendo tan buena debía tener unas filas
interminables de gente ansiosa de hacerse examinar, me dieron la cita para el
día siguiente, porque yo soy muy de buenas, el jugo de arándanos y el noni
llegaron por la tarde, el muchacho de la moto me recibió la plata con gracia,
como si se burlara de mí, como había comprado el bio tensor pensé que había
sido por eso; cerré la puerta y conté el dinero que me quedaba para la gran
cita del día siguiente.
El primer encargo había llegado,
y no había valido los 19-9-90 sino un poquito más, por el envío y por el bio tensor;
todo había salido como en cincuenta mil, pero tenía gran esperanza de curarme así
que comencé a tomarme con fe los dos juguitos, porque “si uno le pone fe a las
cosas…”.
Me acosté más tranquilo y al día siguiente me levanté temprano, me bañé, me vestí, me tomé el jugo de arándanos que sabía a jarabe para la tos, desayuné y organicé mis cosas para salir para la cita. Una vez en la puerta de la José Celestino vi cómo las dos muchachas del negocio se peleaban por atenderme, al final me atendió la más feíta, así es la vida, me preguntó que qué buscaba, le dije lo de la cita y sonrió socarronamente, comencé a sospechar un poco de todo eso; me entró por el corredor y me sentó en un aparato que comenzó a sonar y a prender y apagar bombillos, pasamos quince minutos la alemana y yo solos, hasta que volvió la muchacha, yo esperaba, que siendo alemana la máquina esa, tuviera al menos los ojos azules o alguna cosa así, pero nada, me tocó una alemana fría y fea creo yo, no le pude ver los ojos a la condenada maquinita. La muchacha de la tienda llegó con una hoja en la mano y me dijo: señor Arcila, usted no tiene nada grave, aunque me preocupa mucho el aura suya, le voy a mandar los siguientes medicamentos… leyó una lista de 20 artículos diferentes con nombres parecidos, me acuerdo que le dije que ya tenía el bio tensor en la casa y los dos jugos esos, entonces los tachó de la lista y me dijo: señor, todo le vale ciento-cuarenta-y-nueve-nueve-noventa (a esta gente siempre le gusta poner números largos a los precios, me hubiera dicho “ciento cincuenta Lucas” y yo le habría entendido) pero como usted estuvo dentro de las doscientas mil primeras llamadas le haremos un generoso descuento de veintinueve-mil-novecientos-noventa pesos, así las cosas le queda en ciento veinte mil. Saqué los tres billeticos de la billetera, quedé con los pasajes casi, pero “por la salud lo que sea”. Me empacó todas las cosas en una bolsa blanca y miró a la compañera de trabajo burleteramente, me comenzó a fastidiar un poco: a esta gente de la medicina alternativa y natural le hace falta un poco de respeto, pensé.
Me acosté más tranquilo y al día siguiente me levanté temprano, me bañé, me vestí, me tomé el jugo de arándanos que sabía a jarabe para la tos, desayuné y organicé mis cosas para salir para la cita. Una vez en la puerta de la José Celestino vi cómo las dos muchachas del negocio se peleaban por atenderme, al final me atendió la más feíta, así es la vida, me preguntó que qué buscaba, le dije lo de la cita y sonrió socarronamente, comencé a sospechar un poco de todo eso; me entró por el corredor y me sentó en un aparato que comenzó a sonar y a prender y apagar bombillos, pasamos quince minutos la alemana y yo solos, hasta que volvió la muchacha, yo esperaba, que siendo alemana la máquina esa, tuviera al menos los ojos azules o alguna cosa así, pero nada, me tocó una alemana fría y fea creo yo, no le pude ver los ojos a la condenada maquinita. La muchacha de la tienda llegó con una hoja en la mano y me dijo: señor Arcila, usted no tiene nada grave, aunque me preocupa mucho el aura suya, le voy a mandar los siguientes medicamentos… leyó una lista de 20 artículos diferentes con nombres parecidos, me acuerdo que le dije que ya tenía el bio tensor en la casa y los dos jugos esos, entonces los tachó de la lista y me dijo: señor, todo le vale ciento-cuarenta-y-nueve-nueve-noventa (a esta gente siempre le gusta poner números largos a los precios, me hubiera dicho “ciento cincuenta Lucas” y yo le habría entendido) pero como usted estuvo dentro de las doscientas mil primeras llamadas le haremos un generoso descuento de veintinueve-mil-novecientos-noventa pesos, así las cosas le queda en ciento veinte mil. Saqué los tres billeticos de la billetera, quedé con los pasajes casi, pero “por la salud lo que sea”. Me empacó todas las cosas en una bolsa blanca y miró a la compañera de trabajo burleteramente, me comenzó a fastidiar un poco: a esta gente de la medicina alternativa y natural le hace falta un poco de respeto, pensé.
Hace 15 días me estoy tomando
esta droga y no he notado cambio alguno, sigo igual de aburrido y con un
agravante, con todo lo que me gasté en drogas me quedé sin dinero para mercar
bien una semana y no he podido salir a rumbear de la forma en que lo hacía
antes. El “yingobiloba” no me mejoró el genio, las gotas de valeriana no me
están ayudando a dormir, el bio tensor no tensó nada, la alemana no era mona y el
jugo ese de arándanos sabe asqueroso; yo creo que me tumbaron, será esperar que
alguno de estos magos saque la cura para la bobada.
Antes de cualquier cosa, creo que debo advertir que: 1. no está basada en hechos reales 2. no es una crítica a la medicina alternativa como tal, sino a la forma como publicitan sus productos y al engaño al que se ven sometidos muchos "pacientes" respecto de muchos de sus tratamientos.
ResponderEliminarMuy cercano a la realidad. Intenté este camino y el tratamiento costaba unos 750 mil pesos, "pero sólo por hoy le hacemos un descuento del %50". Le dije a la vendedora: "esto más que un tratamiento médico es una transacción comercial", por la cara que hizo como que no le gustó el comentario.
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