La
única diferencia realmente perceptible entre los seres humanos y los animales
es la capacidad de la ficción, de la prolongación de la realidad: de elaborar
arte. Sé que muchos detractores seudocientíficos sentirán su ego herido cuando
noten que no he mencionado a la ciencia como expresión distintiva del hombre ¡no
tengan un choque anafiláctico con mis palabras! Sí, la ciencia entra en lo
característico del hombre puesto que es un acumulado de técnicas que se han
vuelto reflexivas, sistemáticas y necesarias, es decir: una techné. Lo cierto es que algo se torna reflexivo sólo a través del lenguaje, llevándonos
a entender la ciencia como un producto del mismo bajo una intención denotativa-nominativa, lo cual no es de mi
interés hoy pues me centraré en una de las
expresiones meta-lingüísticas. Además de esto, aunque la mayoría concuerdan en
que un humano se hace tal sólo por el
lenguaje, yo creo que en realidad es por la capacidad meta-lingüística, es
decir, la reflexión sobre el lenguaje
mismo, la reflexión sobre lo denotativo (cargándolo de diversos sentidos al
punto de tornarlo connotativo) y la creación
a partir del lenguaje (ficción); esto último se vuelve interesante si
entendemos que el lenguaje es la capacidad de representarse el mundo; y por ello una
creación con el lenguaje, (es decir, todo aquello que es ajeno a lo denotativo)
no es otra cosa que una prolongación de la realidad, ficción.
Por
lo anterior, noto que la creación con el lenguaje, aquel procedimiento que se
opone a lo meramente nominativo para crear sentidos múltiples a través de
asociaciones mentales, sí es una característica netamente humana; y si mi intuición no me falla, este concepto de
creación del lenguaje es la esencia de
lo que se define como expresión artística.
Pero
bueno, ¿a qué viene todo este cuento? ¿Qué
importancia tiene que a un güevón (yo) le dé por definir lo humano desde la
expresión artística y entender el arte como una capacidad meta-lingüística
exclusiva del ser humano? Pues muy sencillo mi querido lector, los anteriores párrafos
exponen una teoría que tengo, ahora, a esa teoría le añado un factor un poco
más idealista, quizá renacentista, pero desde mi punto de vista enteramente
verdadero, es el siguiente: el arte,
como expresión humana sublime debe llevar al individuo a descubrir en sí mismo
relaciones entre el hombre y el universo, el arte debe cargar el espíritu de
conocimiento metafísico, sensorial: de sentimientos imposibles en el imaginario
colectivo (realidad) de verdades imposibles en la realidad física, de otros
entendimientos. Es decir, el arte es el único elemento que puede potencializar
a un hombre, que en efecto nos hace la vida vivible y apreciable: claro, la
ciencia nos mantiene el cuerpo y lo estrictamente físico (y obvio, algunos
constituyentes metafísicos) pero el arte nos mantiene el espíritu y no hay humano sin espíritu,
evidentemente tampoco sin cuerpo, pero como ya he referido, son estos
elementos meta-lingüísticos lo que nos distinguen de los de demás seres y por
ende más esenciales en la definición de lo humano. ¿Entonces, qué pasaría si
las llamadas expresiones artísticas no cumplen las funciones que acabo de
mencionar? Eso significa varias cosas:1) que inevitablemente estás en el siglo
XXI 2) Que la homogenización de los ideales a alcanzar por el hombre (felicidad,
buen puesto social, reconocimiento, productividad laboral) ha reducido
sustancialmente el criterio humano, es decir, la conservación de la
heterogeneidad. 3) Que por consecuencia de alcanzar los ideales de (2) el
intelecto del ser humano del común rechaza complejidades que les demande tiempo
entender, produciendo que vean cine vacío, escuchen música estúpida y lean a
Coelho ¡cómo puede existir un tipo tan mediocre que diga que el Ulysses de
Joyce le hizo un daño a la literatura, tiene que estar mal del cerebro, no
mentiras, cuál cerebro: redactor de quinta, a usted no se le puede decir
escritor, destructor de la literatura, castrador de las mentes, feo, estafador,
fantoche, seudo-intelectual, engreído, matasanos corruptor de inteligencias,
asesino de la ficción, asesino de la literatura, tartufo, cretino, incoherente,
ilógico, poco riguroso, y para que quede claro hijueputa y dos mil quinientas
punto cinco veces hijueputa!
Ahora, después de haber mandado al carajo mi hilo argumental, desahogando mi dolor contra ese tipejo de cuyo nombre no quiero acordarme (lo único que le falta al malparido es hablar mal del Quijote, que yo sepa…) volvamos al redil: si las expresiones artísticas no cumplen las funciones que he mencionado anteriormente significa que ha dejado de ser esencialmente arte para ser convencionalmente arte. Es decir, que ha dejado de crear conocimiento, de crear universos de sentido, sensibilidades que proyecten lo humano a realidades imposibles pero si verosímiles, que son únicamente aprehensibles a través de la ficción. Y ha dejado de crear "maravilla, genialidad" para ser simplemente un producto genérico, denominado arte porque es producido por un medio artístico ¡pero olvídense de eso, no porque escriban hacen literatura, no porque canten hacen música, no porque se mueven hacen danza, no porque actúen hacen arte dramático! Y lo peor, lo más grave, es que si tenemos vigente la definición de lo humano que he planteado desde un comienzo, significa que si el arte en lugar de ayudar a proyectar el espíritu, lo estanca y lo empobrece, eso nos lleva sólo a una cosa: nuestra capacidad meta-lingüística, en tanto creación con el lenguaje, se está volviendo superflua por lo que nuestra humanidad también sigue ese mismo rumbo: sí señores, tan simple como eso, que el arte se vuelva mediocre no es otra cosa que la muestra palpable de que la humanidad también se está volviendo insoportablemente anodina, ejemplos: 1) Justin Bieber: quien es escuchado por decenas de millones, únicamente porque esas decenas de millones son ratas de laboratorio que cayeron en la trampa del marketing, el tonto ese no canta, no baila, es nada: se dejaron vender la figurita bonita, entonces todo lo que venga de él es bonito… pero ¿saben cómo hicieron eso? Les homogeneizaron hasta los gustos sexuales… 2) Gagnam Style: No tengo la menor idea de cómo se llama el grotesco de mal gusto que hace esta canción ni me importa, lo trascendente es notar cómo un tipo que no tiene una búsqueda artística, en los términos que he definido, logra atraer una suma cantidad de seguidores por hacer el absurdo, inigualable e insuperable ridículo, ¿habrá alguien que pueda sentir algún tipo de atracción amorosa, algún respeto, admiración o simpatía por este bufón de los malos? si hay algo que produce el arte es admiración por quienes lo hacen o al menos lo intentan, ese es un signo sumamente efectivo para ver quien hace arte: la admiración mas no el exotismo: un verdadero escritor no tiene seguidores, tiene lectores, un verdadero cantante no tiene fans, tiene escuchas, un verdadero actor no tiene club, tiene espectadores, y un verdadero pintor, al contario, le faltan orejas (pequeño chiste Van Goghiano). Son dos cosas lo que más me indigna del autor de Gagnam Style: 1) proviene de una de las culturas más críticas al mercantilismo occidental y que promueve en gran cantidad el arte como expresión espiritual, la cultura oriental. 2) que probablemente sea así de tonto y de vulgar intencionalmente, lo que es un insulto para nosotros los occidentales, en especial para sus seguidores: claro que dirá el malparido traducido al paisa “los occidentales son así de superfluos, eso es lo que les gusta a ellos, eso es lo que me va dar plata” ¡él vive de cuenta de la estupidez y banalidad de millones de seudo-personas!
Y tengo más ejemplos: el caricaturesco reguetón, la extravagante de Gaga que no vende música sino escandalosamente bulla, del Walter Riso que sólo deberá producir risas en la comunidad literaria ¡le deshojaron las neuronas! Hay muchos ejemplos pero una única verdad: nos lo merecemos, cada sociedad se merece la calidad de arte que le es ofrecida, porque la sociedad es quien la acepta y en últimas quien la exige con su mediocre capacidad meta-lingüística; sí nos merecemos que cada que canta un tipo de estos, cada que alguien lee el alquimista, nos hagamos menos humanos. Nos merecemos que nos estén robando el único mundo que es realmente nuestro: la ficción, el símbolo, la imagen: el desnudo semántico, nos merecemos que nos vuelvan máquinas, nos merecemos que nos claven la realidad, que nos hagan animales sin proyección estética ni espiritual: nos merecemos que no seamos ya más que un mazacote de carne mediocre.
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