lunes, 19 de marzo de 2012

POR FAVOR DÍGAME: ¿CÓMO SER FELIZ?

Por Sebastián Quintero Idárraga
¿Es usted feliz? Porque si no lo es algo en usted puede estar mal. Usted tiene todo para ser feliz, al menos así lo señalan los libros de superación personal; sin embargo, no se angustie sino no lo es, siga las siguientes recomendaciones y verá que algo en usted cambiará. Piense en positivo y dígase frases igualmente positivas, eso hace que el mundo sea un mejor lugar. Aquello que las personas le dicen sólo tome lo positivo, haga oídos sordos a lo malo, usted tiene la capacidad para el éxito. Disfrute de la soledad. Acepte a quien le rodean y acéptese usted mismo, ámese pero sin dejar de preocuparse por cómo se ve, ya que usted tiene que ser agradable y presentable para los demás. Cuide su cuerpo como un templo y su salud mejorará, sólo quienes se cuidan serán realmente bellos y vivirán más tiempo. Usted puede ser siempre joven, activo, bello y deseable. ¡La felicidad es ahora!

Ahora bien, estas recomendaciones se deben cumplir de manera permanente, toda la vida. No obstante, vale la pena cuestionar si seguir estas prácticas nos hacen felices o será que la idea es construir una felicidad, que se pospone y que no se sabe cuándo se experimentara, ¿será en la otra vida como a modo cristiano? Los libros de autoayuda realizan afirmaciones para todo lector, pero ¿son realmente aplicables estas recomendaciones para todas las personas?

El hombre de hoy, más que ser feliz pretende estar feliz de manera momentánea, comprando, comiendo, teniendo sexo y sentado viendo televisión mientras se pone dispositivos para ejercitarse, con la ley del menor esfuerzo. Y no es que critique que los sujetos quieran ser felices, ya que al parecer esta “es una ley natural del corazón humano” (Bruckner, 2001) y es tan determinante que Freud lo señala como la pretensión central en la vida de los sujetos, “alcanzar la dicha, conseguir la felicidad y mantenerla” (Freud, 1998). Por lo que no es extraño que la declaración de independencia norteamericana, lo nombre como uno de los derechos inalienables: “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, pero ha de estar tranquilo aquel sujeto que no la busque, ya que en la sociedad tecnificada hay fórmulas para la felicidad e incluso para descifrar lo humano. La felicidad como deseable debe ser para todos, y gracias a los avances de la química se encapsulo la felicidad instantánea para que no tenga que seguir protocolos ni recomendaciones. Claro está, estos químicos supuestamente garantizan la no potencial dependencia ni efectos secundarios, situación que si aparece con el alcohol y otros químicos.

Dice Freud que:
 “La vida, como nos es impuesta, resulta gravosa: nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles. Para soportarla, no podemos prescindir de calmantes. Los hay, quizá, de tres clases: poderosas distracciones, que nos hagan valuar en poco nuestra miseria; satisfacciones sustitutivas, que la reduzcan, y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas.” (Freud, 1998)

Y siguiendo estos lineamientos, la sociedad proporciona partidos los domingos para que el pueblo se entretenga, alegrías por el Grammy de Shakira y sustancias cada vez más tecnificadas. El desarrollo científico ha permitido descifrar en qué zonas del cerebro se producen las denominadas emociones* negativas como la ira, el miedo, la repugnancia y sobre todo la tristeza; todas emociones que sólo nos place sentirlas en los cines o virtualmente, pero no en la realidad, quizá en algún momento haremos que sólo funcionen la alegría y la sorpresa, emociones realmente gratificantes y en las cuales esta edificado nuestra cultura occidental.

El imperativo hoy es manifestar alegría a quienes nos rodean, ser felices. Pero la formula presenta dificultades, ya que el modelo de felicidad que se exige nos está mostrando efectos colaterales poco satisfactorios. Ya comer no es un espacio para compartir, conversar y disfrutar, actualmente es un espacio donde se deben ingerir determinadas calorías al día para no engordar, ser delgados, deseados y poder ser felices, se sufre por no comer pero se garantiza que los demás vean delgadez. Es una apuesta por el otro. De manera contradictoria también están los que sufren por comer, por no ser deseados, ser gordos, por no ser lo que los demás esperan que sean. Todo está tecnificado, así como el comer, el sexo también tiene sus técnicas y formas. Incluso la salud ya no es entendida como bienestar, sino como ideal de perfección (que sólo pasa por el ideal) para poder alargar la vida, una tercera edad que se alarga.

¿Aburrido?, ¿triste?, ¿Deprimido? El hombre contemporáneo no puede darse el lujo de sentir esto. Quizá su mayor invención es el hombre feliz, infinito e ideal, pero se queda ahí sopesando en la realidad, como un fantasma con el que todos vivimos y padecemos, en cuanto utópico. Dirá Bruckner que “No basta con proclamar el paraíso sobre la tierra, hay que materializarlo en forma de bienestar y atractivos, contando con el riesgo, siempre posible, de frustrar las expectativas”. Y son exactamente con estas expectativas, las que se han venido frustrando día tras día.

En la contemporaneidad el hombre feliz nos muestra dos caras de una misma moneda, ya que mientras unos siguen persistiendo en aquella ilusión, otros la han matado, como Nietzsche que se cuestiona:
“¿Tenemos que aceptar que la finalidad de la ciencia sea procurar al hombre el mayor número de placeres posible y el menor desencanto posible? Pero, ¿cómo hacerlo, si el placer y el desencanto se encuentran tan unidos que quien quisiera tener el mayor número de placeres posible debe sufrir, al menos, la misma cantidad de desencanto; que quien quisiera aprender a ‘dar saltos de alegría’ debe prepararse para ‘estar triste hasta la muerte’?” (Nietzsche, 1974 p. 12)

Darle vista a la finitud del hombre, cambia los paradigmas desde el siglo XIX y enfrenta el proyecto moderno, que trabajaba y aun intenta construir lo infinito del mortal. Esta cara de la moneda, muestra un sujeto real que está dominado por el trabajo, la vida y el lenguaje, un hombre que ya no es objeto científico desde el ideal sino más bien desde lo real, desde un estilo de vida, donde por momentos sufre, llora, teme, se frustra, se siente iracundo y miserable, pero que también se alegra, ama, se sorprende y encanta. La modernidad ha dado la posibilidad de disociar realidades y paradigmas que se muestran paradójicas y ambivalentes, pero es seguro que ha revelado una nueva visión del hombre, en la que el sujeto hace búsqueda de emancipación y libertad personal y social.

Actualmente no es que Dios como persona o ente haya muerto, lo que ha muerto es aquel sujeto trascendental que Platón concebía como un ciudadano con capacidad para conocerse a sí mismo y para gobernar a los demás, al igual que el hombre del medioevo que orientaba todo significado hacia Dios, o aquel sujeto racional con capacidad para controlarlo todo. Lo que hoy se evidencia, es que el hombre se encuentra determinado “por algo más profundo y anterior a la razón: las fuerzas de su inconsciente” (Ramos). Por tanto, lo social produce formas de poder que intentan direccionar, controlar, vigilar y normalizar de manera permanente al sujeto contemporáneo, y es para esto que se han creado las ciencias humanas, para intentar responder lo qué es lo normal y cómo debería ser el hombre en lo social, al menos en planteamientos Foucaultianos, que pone la función de las ciencias del espíritu, en un accionar frente al cuerpo que “debe ser formado, corregido, recibir ciertas cualidades, ser capaz de trabajar, etc”.

Ser feliz, es entonces un imperativo más de cómo debe ser lo social, ¡Pero vaya imposición!, pretender reavivar lo trascendental en el sujeto que ya no tiene divinidad a la cual acudir. Y no solo debe ser feliz, sino normal, regulado y controlado con lo que hace y desea. El proyecto moderno desde las ambivalencias de un ideal.

Pero ¿qué le queda hoy por hacer a las ciencias sociales? ¿Cuál es su futuro? ¿Responder ante la demanda social de fórmulas? La responsabilidad de sí y la capacidad para socializar.

* Escrito basado en dos textos: 1. Posmodernidad y Ciencias Humanas, de Roberto Salazar Ramos. 2. La Euforia Perpetua/Sobre el Deber de Ser Feliz, de Pascal Bruckner, donde se abordan dos capítulos, el número 2. La Edad de Oro y… ¿Después? y 3. Las Disciplinas de la Bienaventuranza.
*Usando la clasificación de las emociones de Paul Ekman.

2 comentarios:

  1. Te recomiendo un texto muy interesante de Andre Comte-Sponville que se titula La Felicidad Desesperadamente. Buscalo en la red

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    “ ¡Qué feliz sería si fuese feliz! Estas palabras de Woody Allen quizá dicen lo esencial: que estamos separados de la felicidad por la misma esperanza que la persigue. La sabiduría, al contrario, sería vivir de verás, el lugar de esperar vivir. En esa dirección apuntan las lecciones de Epicuro, de los estoicos, de Spinoza, o, en Oriente, de Buda. Solamente tendremos una felicidad proporcional a la desesperación que seamos capaces de atravesar. La sabiduría es exactamente eso: la felicidad, desesperadamente.”

    André Comte- Sponville

    De paso, Felicitaciones a todos por este espacio. Muy buenas entradas y sentido critico. Sigan adelante!

    Luisa Cano.

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    1. Gracias. Llevaba un año intentando recordar el nombre de ese autor.

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