domingo, 25 de marzo de 2012

LA BESTIA

Por Andrés Álvarez Arboleda
Un mismo sentimiento me acosa cada vez que me entero de un torero atravesado por unos cuernos: el terrible temor a encontrarme indefenso ante la fuerza bruta de una bestia, anticipando la aclaración de que no puedo llamar por bestia a otro sino al torero. Bien cierto es que éste fue el herido, pero, bastante claro tengo que los toros como dice Perez-Reverte “nunca fueron verdugos, sino víctimas. Por eso su suerte sí me conmueve, y me entristece”.

Y no es que me pueda alegrar la noticia de un torero lesionado pues, por difícil que parezca creerlo, es un ser humano cuya dignidad debe ser protegida en cualquier caso, que tiene una familia a la que se debe, que hasta puede ser buen ciudadano, y que pudiera tener, dejemos abierta la posibilidad, algún esbozo de cordura y razón. A pesar de esto, lo único que se me viene a la cabeza es que el hombre no halló sino lo merecido y que el toro actuó en “legítima defensa”, al fin y al cabo, el animal nunca decidió meterse al ruedo. Llego a pensar que es una suerte de justicia natural.

No puedo dejar de reconocer al hombre, sin embargo, una característica que siempre le ha puesto por encima de las demás especies: la capacidad de justificarse. Diciéndolo de otra manera, la facultad que posibilita la formulación de pretextos y autocompasiones basadas en enunciados sin sustratos argumentales, sino meramente estratégicos al ser-vicio de los interese sádicos, egoístas y morbosos que tan bien han definido a la humanidad en todas sus épocas. Esto es, el mecanismo del que se ha valido la sociedad para hacer parecer sus actos de tortura animal, elementos esenciales de la tradición, manifestaciones artísticas  y la evidencia de la superioridad evolutiva de la especie.

Pero, debemos entender que el hecho de que algo perdure en el tiempo no es garantía de que sea bueno. Y si hablamos de arte y evolución, en primer lugar, tengo la más profunda convicción en afirmar que el arte nació como una forma de expresión del ser humano para enfrentarse a la realidad y a sí mismo con un medio embebido en sensibilidad, genialidad y virtud, no viciado por la barbarie de festejos sanguinarios que no representan sino el alcance de la irracionalidad. En segundo lugar, en lo tocante a la evolución, no se puede confundir la carrera que implica la selección natural, con el mero hecho de utilizar la crueldad dirigida a fines injustificables, a la satisfacción de fetiches humanos.

Otro argumento utilizado en defensa de la barbarie contra los animales, es que ellos no tienen dignidad ni derechos por ser respetados. Pocas cosas he escuchado con tan poco fundamento. Los conceptos de derecho y dignidad son creaciones humanas en las que convenimos, dirigidas a proteger la vida, la convivencia y el bienestar; no son condiciones naturales. Además, si hubo necesidad de crear el derecho fue precisamente porque el hombre con su vileza amenaza a su propia especie, y extender ciertas garantías a las demás formas de vida no estaría mal cuando lo que está amenazado es todo el ecosistema. Si no se tienen contempladas ciertas cláusulas de respeto con los animales es porque en algunos casos no existe una necesidad, o porque las demás especies nunca nos han importado lo suficiente. 

Lo más preocupante ni siquiera es el hecho del sufrimiento animal, es la actitud moral desdeñosa que se toma, cómo es posible reclamar la paz y decir que existe conciencia ecológica entre los hombres, cuando se aceptan y se elevan espectáculos rebozados de violencia y de odio, a la condición de actos culturales.Todo evidencia que la humanidad está aún muy lejos de superar el salvajismo, aún somos las más rústicas bestias. Pero, qué más se puede esperar, como decía Einstein, “hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro".

1 comentario:

  1. Gracias por el Artículo, es menester que en Colombia seamos consecuentes con la ética ambiental. Julián Acosta.

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