Por Julián Daniel Acosta Gómez
En las siguientes líneas intentaré parafrasear un análisis que he desarrollado en mis labores como estudiante del programa de Letras: Filología Hispánica. El asunto se centra en el intento de elaborar una conceptualización específica de la dicotomía Memoria/Olvido en la obra Borgiana sin aplicar ningún concepto externo o de otro autor, salvo unas pocas analogías que servirán de ilustración. No creo muy riesgoso legitimar un concepto por medio de elaboraciones líricas o ficcionales puesto que la complementariedad y recurrencias semánticas de lo referente a La Memoria y El Olvido, bien es cierto, no presupone una previa intencionalidad del autor, si nos pone de cara a una formula literaria que, en el plano de lo filosófico nos permite dilucidar todo un comportamiento, todo un andamiaje: un concepto.
El análisis que he referido legitima los conceptos extraídos de Memoria y Olvido en Borges, demostrando su funcionalidad en el cuento “El Aleph” (1949) donde, a mi parecer, dichos términos se explicitan en la forma que los he planteado.
Haciendo gala de la enorme oportunidad de interactuar que ofrece Opinión a la Plaza agrego mi correo electrónico (acosgojuda7@gmail.com) para aquellos “desocupados lectores” (como diría Cervantes) que se vean movidos por el tema y deseen leer el trabajo completo cuyo nombre es ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS MEMORIA Y OLVIDO APLICADOS A “EL ALEPH” (CUENTO) DE JORGE LUIS BORGES (Acosta, 2012).
Anotaciones sobre la memoria
He definido el concepto de memoria en Borges como “el mecanismo por medio del cual un personaje toma algo de su realidad, es la única manera de preservación, la manera de conciliar los hechos creando la noción de sí mismo y relevando la facultad eternizadora” (Acosta 2012) La definición no puede funcionar por sí sola y queda corta en primera medida, por ello me he permitido completarla con tres subcategorias: Memoria como identidad, memoria como absoluto y focalización de la memoria.
La Memoria como identidad: Para entender este punto, pensemos que el ser humano no es otra cosa que la acumulación de sus muchas formas en un tiempo determinado. A este punto la memoria en Borges se nos presenta a manera de objeto creador: Un sujeto es lo que puede y desea recordar; es decir que en Borges el objeto recordado es aquello que el sujeto desea incluir en su esencia, no importa si es agradable o desagradable, importa si es valioso, no en vano en un relato como la otra muerte (1949) El personaje Damián se construye a base de recuerdos: cada que un recuerdo varía, la concepción del personaje lo hace con él. En última instancia, en Borges, uno de los atributos principales de la memoria, es crear la esencia (lo inmanente) del sujeto.
Más abstracta que la categoría anterior (pero potencializa a ésta) es la consideración de La Memoria como absoluto. A este respecto se pensará el asunto en términos de Tiempo, uno de los temas nodales en Borges y que de una u otra manera contiene las concepciones de Memoria y Olvido: ambas se definen en el paso del Tiempo. Básicamente, es posible plantear la memoria como absoluto si entendemos que un recuerdo es la eterificación de un momento: su dilatación hasta el infinito; entendiendo infinito (en concepción Borgiana) como un intervalo de Tiempo completamente autónomo. Expliquemos un poco más este punto. En funes El memorioso se intenta exponer que la relación de un sujeto con el tiempo se manifiesta en el cambio puesto que un sujeto es, por un lapso de tiempo muy corto, el mismo sujeto. En ese pequeño lapso se concentra toda una esencialidad, un absoluto y si se tiene memoria de aquel lapso, se eternificará dicho absoluto: se poseerá el Tiempo y se contrarrestará su acción desgastadora de todo lo material y en última instancia, fenomenológico.
La focalización de la memoria es una categoría que remite ineludiblemente a “El Zahir” y es justificable en el campo de lo fantástico o, para llevarlo a un estadio más práctico, en una condición humana que se ha denominado: Obsesión. Teniendo en cuenta las dos categorías anteriores definamos la focalización de la memoria como “el estado en el cual el sujeto pierde paulatinamente su identidad, basada en los recuerdos, y su percepción del tiempo. Es decir, El personaje se niega a crear su esencia y a capturar los momentos que necesita absolutizar en la memoria: se niega a los conceptos Memoria como identidad y Memoria como absoluto debido a una anomalía que a falta de otra palabra, se entenderá como obsesión” (Acosta, 2012).
Anotaciones sobre el Olvido
Por la necesidad de contundencia que requiere un artículo como estos intentaré condensar el concepto en pocas líneas.
En la obra de Jorge Luis Borges es posible percibir dos formas de entender el olvido, pero en ambos se define en relación con la memoria: es el límite de la memoria, y en los casos más extremos que son los más, la solución al peso de la memoria. En primera medida es notable una experiencia del olvido que es consecuencia del concepto memoria como identidad. Es decir, el olvido es la materialización de la despreocupación, del abandono de las cosas insignificantes, de aquello que no importa ni se quiere tener en cuenta para crearse una identidad: una esencia. Y en última medida, el olvido es la solución al peso de la memoria: lo que hace parte del sujeto pero es demasiado fuerte como para soportarlo y se desecha. Así, es posible entender de esto la búsqueda del sosiego si lo aceptamos como la distancia que se instaura entre un sujeto y una dificultad, el olvido es el punto de flexión de la identidad del sujeto, la pérdida de un absoluto para instaurar otro, deshacerse de la esencia para crear otra.
Sin duda, la literatura permiten a los seres humanos sobreponerse a sus propios límites, desbordar la propia existencia. La opinión literaria nos permite ahondar en esta dimensión del hombre.
ResponderEliminarExcelente artículo. Les dejo este link de un video sobre Borges y la memoria http://www.youtube.com/watch?v=Sqo5YCBSEQI
También quedará en el espacio "compartir" de Opinión a la Plaza.
Muchas gracias Andrés por tu aporte.
EliminarJ.D
Si Borges menciona a Chesterton, lo hace de tal modo que uno quiere ir a leer a Chesterton. O a Averroes, o a Spinoza. La teología, la filosofía y la literatura fueron las tres pasiones de Borges. Pero a las tres se acercó no como un creyente ni como un especialista, sino como un escéptico al que solo le interesa el juego de la busqueda
ResponderEliminarMuy oportuno, Ana. Saludos!
ResponderEliminarJ.D