domingo, 12 de febrero de 2012

LA FÁBULA DE LA JUSTICIA

Por Julián Daniel Acosta
El lenguaje de la verdad debe ser,sin duda alguna,
simple y sin artificios.
(Lucio Anneo Séneca)

El gran espectáculo que está protagonizando el coronel retirado Alfonso Plazas Vega, luego de que su condena fue ratificada el 30 de enero de 2012 por el Tribunal Superior de Bogotá, me ha llevado inevitablemente a los hechos del 6 de noviembre de 1985 perpetrados en el Palacio de Justicia. No quiero ahondar en acontecimientos demasiado conocidos, pero sí me propondré deducir la literariedad del asunto para confirmar la absurda Fe de los colombianos en la palabra de los que ostentan investidura, y quizá hacia el final del artículo, mencionar algunas extravagancias que me he propuesto.

Los textos literarios polifónicos han sido mis preferidos (pienso ahora en Pedro Páramo) quizá porque la construcción de la realidad está claramente sustentada en la comunión de perspectivas, en la intención y si se quiere, en las necesidades de los personajes. No se puede construir la verdad, o por lo menos no puede haber una relación directa con lo concreto: sólo tenemos realidades veladas por los sentidos del sujeto y éstas entrelazadas con las de otro sujeto de conocimiento creando una cadena que no puede ser aprehendida. Seguro el lector habrá notado que esta vaga referencia literaria no es deliberadamente casual, ni siquiera demostrativa. Es para mí, la definición exacta del Holocausto en el Palacio de la Justicia: Ficción, elaboración indiscriminada donde la interrelación de tantos relatos diferentes establecen una realidad imaginada, oscuridad, ¡distracción! ¿los autores? Para algunos es demasiado obvio y por ello quizá insignificante (esto es también lo socialmente imprescindible. A Quién le estamos creyendo y por qué).


Sí, El Holocausto es una novela polifónica: cuando todos tienen la verdad nadie la conoce. Para la muestra quiero que piensen en los siguientes hechos: El Coronel Plazas asegura que la toma se realizó con el fin de quemar los expedientes de los
candidatos a extradición del Gobierno y que la empresa fue financiada por el narcotráfico, por otro lado ex-militantes del M-19 (entre ellos Gustavo Petro, Alcalde mayor de Bogotá) aseguran que la toma se justificaba como mecanismo de instaurar una demanda contra el Estado y su defensa hasta que su estudio llegara a término, dicen que no tenían ningún interés en incendiar el 4 piso (ubicación de los expedientes) pues sería un adefesio estratégico encerrarse entre las llamas y la terraza. Por otro lado, algunos de los magistrados rehenes, están convencidos de que el incendio fue producido por los cañonazos de las tanquetas que dirigía el desmesurado Plazas Vega. Está el juramento de los militares negando su relación con los 13 desaparecidos, mientras las cámaras de los medios de comunicación abrigarían en su seno las imágenes de militares liberando rehenes que después aparecerían muertos en fosas o ¡EN EL INTERIOR DEL PALACIO EN LA MAÑANA SIGUIENTE!

¿Cuál de todas esas voces nos dirá algo de la verdad en el interior de los muros?
Quizá la verdad esté en los silencios, en los 13 desaparecidos que eran empleados de la cafetería y no tenían ningún valor político, por consiguiente era injustificado su sometimiento ¿Qué interés tenían para desaparecerlos, habrán visto algo? El lector sabrá a quién me refiero o mejor, quiénes fueron los vistos: pero claro, son simples abusos literarios con los que intento satisfacer los abismos de una historia que me ofende cada día con la especulación que suscita, con la increíble oscuridad de los hechos y que convive a su vez, con la infamia y la impunidad.

1 comentario:

  1. En buena hora llega este artículo, no sólo por lo que ocurrió hace más de 25 años, sino por la manera como mueve las fibras de los colombianos actualmente.

    Discrepo en una cosa y es que entre los desaparecidos sí hubo guerrilleros del M 19, lo que ya representa un valor político. Además, los empleados de la cafetería al ser testigos de lo que ocurrió tienen también un altísimo valor político.

    Lo que nunca me podré explicar es por qué magistrados de las Altas Cortes que salieron con vida de la mano de militares, aparecieron muertos dentro del Palacio. ¿Qué es lo que querían esconder, qué otras fechorías se cometieron ese día?

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