domingo, 11 de diciembre de 2011

DELITOS SEXUALES

Por Alejandro Arcila Jiménez
Es apenas evidente que violar a alguien no es algo "bien hecho" incluso de que es una conducta que merece ser castigada, nadie puede estar de acuerdo con este tipo de situaciones y de igual forma yo la considero una conducta terrible; pero de ahí a tratar al delincuente sexual como el peor de los seres que existen en el planeta, hay mucho trecho.

Uno de los grandes problemas que enfrenta la teoría general del derecho penal y sobretodo este tipo de delitos es que es muy complicado pensar de manera objetiva dichas conductas, cuando uno se enfrenta a la tarea de reflexionar sobre el abuso sexual se da cuenta que tiene todas unas cargas culturales que lo obligan a pensar de una manera y no de otra, de hecho los jueces prevarican constantemente en este aspecto y frente a este tipo de delitos, pero su prevaricación es involuntaria, por esto tampoco se les puede condenar, como no merecen ser tampoco condenados los ciudadanos de a pie que creen tener el conocimiento del derecho (y obviamente no lo tienen) y comienzan a opinar de manera sesgada en estos aspectos. He ahí el segundo problema que afrontamos.

El segundo grave problema es justo, como lo venía mencionando, la gran cantidad de personas no juristas que se atreven a opinar de mil maneras sesgadas respecto de este tipo de delitos y que terminan presionando de diversas maneras la opinión de los juristas y jueces. En este momento los delitos sexuales son delitos que son prácticamente indefensables por la presión que ejerce la sociedad, una sociedad que, para ponerlo en términos de Silva Sánchez (el Doctor Jesús María Silva habla de todo esto ya, en general, en su libro “la expansión del derecho penal”), es una “sociedad de sujetos pasivos” que se identifica con la víctima del delito y se siente terriblemente asustada y estremecida cuando esto sucede (y con toda razón, no los culpo por esto). La única salida que tiene la sociedad entonces, esa sociedad de sujetos pasivos, es castigar de sobremanera ese tipo de delitos y de conductas creyendo (equivocadamente, por demás) que castigando más fuertemente una conducta se elimina de la realidad social. Así pues este tipo de movimientos que buscan una expansión de las penas encuentra siempre asidero en los órganos de representación y terminan consiguiendo aumentos tremendos en el código penal; sólo hay una cosa más peligrosa que las masas y son las masas cuando consiguen un líder.

Pero esta situación no es gratuita, no puede serlo desde ningún punto de vista, el derecho no puede ser una cosa que suscite posiciones radicales de buenas a primeras y de manera generalizada en la población, eso lo consigue un partido de futbol o un reinado nacional de belleza, pero no el derecho, el derecho per sé no logra la publicidad suficiente y cuando la logra no es susceptible de una interpretación ligera, es entonces cuando se da el fenómeno terrible de los gestores atípicos de la moral, que para ponerlo en términos concisos son los medios de comunicación. La gestión atípica de la moral básicamente funciona dándole cierta interpretación al derecho, siempre de una forma parcializada y sesgada, y emitiendo juicios de valor que hacen a la sociedad pensar de cierta forma y no de otra; y nadie dice que, por ejemplo, el abuso sexual no sea una conducta terrible y que la violación a una persona no le sea una cosa traumática, pero la gestión atípica de la moral no se hace siempre con fines tan altruistas como mostrar el dolor de alguien o hacer una reivindicación simbólica (cosa que me parece que no se dará nunca en un programa de televisión).

Lo que siempre me ha parecido terrible de la gestión atípica de la moral es la intención con la que se hace, no puede creerse que los medios actúen de manera altruista, como lo venía diciendo, además porque es imposible que de algo sirva la gestión atípica de la moral de manera altruista. Es para mí evidente que la gestión que adelantan los medios de comunicación no es más que un ejercicio de promoción política y de terrorismo mediático (aunque quiero que no se haga especial énfasis en la palabra terrorismo y además debo aclarar que cuando me refiero a terrorismo lo hago en el sentido estricto de la palabra que no es más que la acción de infundir terror).

Es pues un círculo vicioso, los medios de comunicación manipulan de cierta manera la información para que la gente sienta rabia contra los violadores, que no es más que un miedo terrible al identificarse todos con la víctima, luego ese miedo impulsa a la gente a darle más poder al poder para que este “los proteja” de “ese terrible mal del abuso sexual” (que lo pongo entre comillas no porque considere que es una mentira, el abuso sexual es un mal terrible, lo pongo más en comillas para enfatizar el mensaje que envían los medios de comunicación), “para que no les pase a ustedes o a nosotros”, luego los poderosos adquieren más poder y dominan los medios de comunicación para que hacer programas del talante de Séptimo Día, programa por cierto detestable, cada vez menos imparciales, para que estos infundan miedo en la sociedad y así poderse perpetuar en el poder.

Es por eso que el discurso expansionista del derecho penal, sobretodo el de los delitos sexuales, cala tan bien en unas elecciones, todos los ciudadanos (que no los culpo) presas del pánico, acuden a votar por alguien que “mandará para la cárcel a todos eso malditos violadores para que se pudran allá” haciendo cada vez más que los principios y postulados de la teoría general del derecho penal; y básicamente los fines y funciones de la pena en nuestro sistema jurídico; terminen careciendo de cualquier sentido práctico y se queden en el mero abstracto de teorías que no admiten uso en la realidad.

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