Por Daniel Gómez Gómez
Con los hechos acontecidos durante la Rusia estalinista, la imagen renovadora, justa y paradigmática del socialismo, se derrumbó, y ello implicó la calificación de los regímenes socialistas con el epíteto de fascistas, totalitaristas y dictatoriales. Y no es para menos, pues el envío de un gran número de personas a prisión por considerarlos traidores, la existencia de trabajos forzados para los que fueran considerados contrarios al régimen, miles de torturas, violaciones a la privacidad, etc., todo en nombre de la revolución y del hundimiento del imperio burgués.
En el plano de la política las ideas socialistas como cuerpo ideológico, ya no tienen legitimidad, no solo por lo ocurrido en la Rusia de Stalin, sino también por el resurgimiento del discurso que da amplios permisos de actuación a la oferta y la demanda, es decir, de aquel cuerpo económico de conceptos que repercutieron sobre el desmonte de impuestos y en la flexibilización de condiciones laborales, en los últimos veinte años. Me refiero al neoliberalismo.
Tal libertad de hacer y no hacer por parte de los entes especuladores de la economía, trajo como producto devastador y empobrecedor, la crisis económica que inició en 2009. Los procedimientos económicos que se dan dentro de las bolsas de valores, repercute sobre el aumento de empleados que tiene la empresa; además pueden generarse entonces con la actividad bursátil, múltiples ganancias y utilidades. Sin embargo, no ha sido esto lo ocurrido en los últimos meses en las diversas bolsas, pues ha sido tendencia mundial al desplome y caída del valor porcentual de las acciones de muchas compañías.
Y como si fuera poco, la crisis económica ha generado desempleo, y otros males para el bienestar de las personas de a pie: el de las que trabajan ocho horas en la factoría. Y pese a que el discurso socialista ya está deslegitimado, ello no constituye un límite para que los derechos que van en pro de las condiciones laborales y la igualdad material, recuperen el lugar que le fue dado a la libertad de hacer a la oferta y la demanda; es decir, la crisis económica está facilitando las condiciones para que, si bien ya no el modelo de desarrollo socialista tradicional, sí las principales ideas que están a favor de la seguridad social y el buen empleo, sean los objetivos macroeconómicos de los gobiernos, en aras de evitar que una nueva crisis económica salga avante, y esto último es el inicio del socialismo de Siglo XXI.
Excelente Daniel.
ResponderEliminarLos Estados de Bienestar están mandados a recoger, pareciera que los principios del liberalismo se burlan del presente del mundo y nos quieren decir que el Estado debe ser mínimo y dedicarse a las relaciones internacionales y a la seguridad.
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