Por Andrés Álvarez Arboleda
A estas alturas de la historia, pensar que la guerra contra las drogas no es un fracaso, es casi tan absurdo como creer que la verdadera culpable de tantas muertes y tragedias sociales es la mata que mata. Basta un poco de sentido común para notar que en todas estas décadas no se han disminuido los índices de consumo y comercialización, y que la mata no es la que mata, sino la prohibición. El problema siempre ha sido de enfoque.
Desde un principio, se le ha atribuido al fenómeno de la drogadicción una naturaleza muy distinta a la que verdaderamente tiene. Se entiende como un problema de criminalidad lo que en realidad es una cuestión de salud pública; se utilizan las armas del derecho penal donde el principal medio deberían ser las campañas pedagógicas de salud; y se castiga con la pena de prisión a quien debería ser el sujeto de protección en los procesos de rehabilitación. Así, no se llega a una solución, sino que se produce un mal mayor, no solo a escala individual, sino social.
El uso de medidas sin el pleno conocimiento del fenómeno ha llevado a que no se enfrente el problema de una manera adecuada. La prohibición no es una fórmula que ataque la demanda de narcóticos, y mientras exista demanda, ésta se buscará atender para ganar un lucro económico. Lo que sí hace la prohibición es disparar el precio de las drogas, trayendo como consecuencia que la comercialización se vuelva aún más llamativa. Las ganancias que proceden del narcotráfico son tan altas que muchos están dispuestos a llevar a cabo cualquier tipo de acción, desde actos de corrupción en las esferas públicas, hasta la formación de estructuras armadas para monopolizar la producción, mantener libres las vías de distribución y comercialización, y más que nada para evitar la actuación del sistema penal en su contra. Las situaciones de violencia producida por el narcotráfico no son más que una consecuencia lógica de la prohibición.
Hace 34 años, Álvaro Gómez había puesto en evidencia, no sólo que el Estado colombiano era económicamente incapaz de afrontar una lucha semejante, sino que en cualquier caso sería imposible atacar el problema de la droga de raíz, puesto que la raíz estaba a varios miles de kilómetros de nuestras fronteras, en los Estados Unidos. Señalaba el dirigente conservador que “Colombia no es el sujeto activo de ese tráfico; no es ni siquiera un cómplice de él, sino su víctima. Su mayor víctima, porque es al que más le cuesta”. Y vemos ahora que no sólo es Colombia, sino toda la región, la que está sufriendo las consecuencias de la prohibición.
La guerra contra el narcotráfico produce un efecto cucaracha; el problema no se puede acabar, sino que es desplazado. Cuando hay un fuerte ataque a las estructuras mafiosas de un país, todo el mercado se desplaza. Ahora México y Guatemala están siendo azotados por la violencia derivada de la guerra contra el narcotráfico. Cada vez son más países latinoamericanos que están sufriendo por una lucha perdida y, además, ajena.
La legalización de las drogas no sólo es la salida más útil, sino la más justa. Una legalización supondría una caída tan drástica en el precio de las drogas que devastaría económicamente las estructuras mafiosas, suavizaría la violencia y permitiría abordar el problema como lo que verdaderamente es: un problema de salud pública.
Es cierto que las drogas no sólo deterioran la salud sino que ponen en grave riesgo la vida cuando se abusa de ellas, pero, ningún narcótico ha cobrado tantas vidas como lo ha hecho la guerra contra las drogas.
El mejor ejemplo sobre las razones de la legalizacion se ve en la historia de la prohibicion al Alcohol en Estados Unidos, hoy inconsecuente con sus propias soluciones.
ResponderEliminarEl ejemplo más "vivo" sobre el denominado "Efecto cucaracha" lo hallamos en nuestras cocinas, despues de unas largas vacaciones en la costa.
cabe anotar que como la "lucha contra las drogas" favorece la estabilidad del precio en el mercado negro y esto a su vez sostiene las mafias del narcotráfico, dicha lucha permite que estas mafias intervengan en las altas esferas del poder, como el congreso de la república (así se ha visto en nuestro país) y esto degenera en una doble moral política de quienes luchan contra las drogas, que por un lado sostienen una lucha sin sentido y sostienen que la despenalización pueda ser desastrosa, y por otro lado se benefician de dicha actividad (ahí existe un claro conflicto de intereses).
ResponderEliminarPor eso es poco probable, al menos en este momento, que la droga sea despenalizada, ya que esto no haría sino desfavorecer a una porción del congreso.
La solución: el día de elecciones, vaya, cómase su tamal, cómase su sancocho, dígale a todos que si, pero al final no venda su voto y déselo a quien realmente represente los intereses del colectivo
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ResponderEliminarhttp://colombiareports.com/opinion/santiago-sosa/17239-world-needs-new-paradigm-on-drugs-after-failing-war.html
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