Por Alejandro Arcila Jiménez
Érase un 20 de julio de 1810 cuando en Colombia se dio “el grito de independencia” nombre muy curioso, porque según vimos en la Pola, el (a)histórico programa de nuestra “maravillosa” y nunca amarillista, televisión colombiana (que como a Joe Arroyo a mí me sucedería lo mismo si RCN hiciera una novela “inspirada” en mi vida), nunca se dio un grito que dijera “independencia”, también resulta curioso que doscientos un años después todavía creamos que nos independizamos ese día, cosa que primeramente es falsa porque la, dizque, verdadera independencia se dio algo así como nueve años más tarde y en segundo lugar es tonta, porque como muchos sabemos nuestro país no es, ha sido, ni será independiente nunca.
El tema importante y rescatable de esta gran farsa, llamada independencia (que celebramos año tras año con pomposos desfiles y con un día festivo en el que aprovechamos muchos para independizarnos por un día de nuestros patronos o educadores) es el nacimiento de los dos gloriosos partidos que tanta sangre han derramado por la patria, o tanta sangre han derramado de la patria o tanto han desangrado la patria, bueno: algo así.
Y es que el tema de andar peleando como niños de kínder no es nada nuevo en nuestro país, el tema viene desde que nos descubrieron y hasta nuestros días, lo que resulta muy novedoso en este kínder, perdón, en este país, es que la política después del gobierno de nuestro señor y redentor, el mesías, don Álvaro Uribe, se ha tornado algo anti-ambientalista, cosa bien preocupante para todos aquellos que han luchado por la tierra en estos años.
Lo primero que sucedió, y que se avecinaba desde la reelección de Uribe en el 2006, fue el terrible derretimiento del polo, que poco a poco se fue quedando sin fondo y gracias al calentamiento global de la política nacional, terminó fundido en un mar de lágrimas amarillas. Claro está que cuando se derrite un polo la inundación no se hace esperar, y justo eso sucedió con los demás partidos, que por esto de la ola invernal y la ola verde, terminaron inundados hasta el cuello.
Lo segundo que sucedió, curiosamente el mismo día de la “independencia” fue la tala total del verde, como quien dice, nos quedamos sin polo y ahora sin verde, la catástrofe ambiental es terrible. El verde terminó fundiéndose al partido de todos los colores y terminaron talándolos para volverlos papelitos a todos, no sólo papelitos, papel higiénico, quién sabe para limpiarle qué a quién.
Ahora lo realmente preocupante del asunto es que después de la tala indiscriminada de verdes y del gran problema ambiental de nuestra política es que termine acabándose con la fauna del partido de la U, o sea, que vuelvan a todos los lagartos carteras de lacoste, que extingan de una vez por todas a todos los delfines de la política y que le echen veneno a todas las ratas.
Aunque creo que esto resulta ser lo más previsible después de los dos sucesos de esta semana, los que al jovencito Arias no le convinieron mucho, creo que la fauna de la U empezó a decaer después de que entre el procurador, monseñor Ordoñez(e de la risa) (quien no ha ascendido a cardenal por destituir a Bernardo Moreno) y la señora Fiscal agarraron a patadas hasta al pincher.
Todos los ambientalistas están con la mira en Colombia, pueda ser que en las elecciones locales de octubre, este país logre rescatar lo poco que queda de la flora (aunque lastimosamente los girasoles no parecen tener salvación) y la fauna silvestre de la anti-ambientalista política colombiana.
Claro que celebro sinceramente que se sigan protegiendo los tucanes y los guacamayos como lo ha hecho muy bien el señor Juan Lozano, bien por él
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