lunes, 4 de julio de 2011

LA CONSTITUCIÓN DEL 91

Por Andrés Álvarez Arboleda
En 1991, cuando la Constitución estaba en gestación, también yo lo estaba. Y aunque no era consciente de la realidad de Colombia, que en ese momento se quería cambiar con la nueva Constitución, hoy puedo ver que muchas cosas no han cambiado. Lo que sí ha cambiado mucho es la propia Constitución. Al parecer, se ha entendido erróneamente que la Carta Política se desarrolla reformándola, y no aplicándola.

Hace veinte años, el 4 de julio de 1991, se proclamó el instrumento jurídico y político de mayor jerarquía, que no sólo determina la estructura del Estado, sino que consagra los principios y derechos más esenciales para el cuerpo político. La Constituyente fue el resultado de un importante proceso social en el que personas cansadas de la violencia, normas retrógradas y falta de garantías sociales, buscaron una salida democrática para modernizar el Estado y generar un verdadero cambio. Es este espíritu renovador, y no la correspondencia histórica que al principio mencioné, lo que tanto me ha ligado a la Constitución.

Después de décadas de represión en las que los estados de excepción eran la regla y no la excepción; y en medio de hechos violentos que desangraban al país (el holocausto del Palacio de Justicia, el genocidio de la UP, los crímenes de los carteles del narcotráfico, las guerrillas y los nacientes grupos paramilitares), buscar una salida pacífica era ya una revolución. Además, la inclusión de todos los sectores de la sociedad en la Constituyente y la generación de consensos eran hechos sin precedentes en Colombia.

La Constitución introdujo el Estado Social de Derecho, y cambió el sentido de la democracia, pasando de una democracia representativa a una democracia participativa; consagró un importante catálogo de derechos y medios que permiten a los ciudadanos reclamar por esos derechos, como la acción de tutela; creó nuevos órganos como la Corte Constitucional y la Defensoría del Pueblo, que han jugado un papel tan importante en la vida democrática, y dio independencia a otros; abolió el sistema confesional, y abrió el camino al pluralismo y a la protección de las minorías. No obstante, queda mucho por hacer y muchos obstáculos sobre los que se debe imponer el derecho constitucional.

Varias cosas me preocupan. El gran número de reformas que se han hecho o se quieren hacer a la Constitución es una de ellas, no porque sea un legalista o un defensor ciego del establecimiento, sino porque esas reformas, como la de sostenibilidad fiscal o la que pretende prohibir el aborto en cualquier circunstancia, más que ampliar los logros obtenidos (al menos en el papel) después del 91, son formas de retroceso al orden que operaba en la vigencia de la Constitución de 1886, un orden retrógrado que poco tenía en cuenta la función social del Estado. Me preocupan las reformas que han intensificado el presidencialismo excesivo, como la reelección, que ponen en jaque el delicado equilibrio entre las ramas del poder público.

Me preocupa, también, que la voluntad política de nuestros representantes sea casi nula para aplicar el verdadero texto constitucional, y que muchos abogados y jueces consideren que el Código Civil es la norma fundamental. La actividad legislativa, se ha encargado en muchos casos de “quitarle los dientes” a la Constitución para operar, tanto más si se habla de derechos sociales y colectivos, como ocurrió con la acción de cumplimiento, por la cual no se puede reclamar ninguna obligación que genere algún gasto económico. Pero lo que más me preocupa, es que la Constitución se vea como un simple cambio legal y no se trabaje porque sea un cambio social, un cambio del cual debe ser participante cada miembro de la comunidad.

Los ciudadanos nos debemos apropiar de la Constitución, exigir que se aplique; tenemos que cuidarla de las reformas amañadas que amenazan todo el proceso de consensos que le dio vida; y más que nada, debemos trabajar intensamente por hacerla valer en nuestros pequeños círculos (laborales, sociales y familiares), para que ese cambio que todos queremos se logre más allá del papel.

Este es un pequeño homenaje que le rindo a la Constitución de 1991, además de llevar siempre conmigo una edición que contiene el texto original como señal de descontento frente a las 29 reformas que hasta ahora se han hecho.

3 comentarios:

  1. Te recomiendo buscar en el periódico El País, de Cali, el ejemplar del pasado domingo. Allí presentaban 20 aspectos "novedosos" que introdujo dicha Constitución, pero que deben ser reconsiderados por los vicios o aberracciones que han generado. Yo tengo el ejemplar físico si te interesa, pero creo que en la página WEB del diario se puede conseguir la versión digital.

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  2. También te recomiendo la edición especial del periodico Ámbito Jurídico conmemorando el vigésimo aniversario de la carta http://ambitojuridico.com/

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  3. osea que sos el primer habitante de ese universo que se gesto el dia en que se publico la constitucion del 91.
    En fin muy bueno primo pero.. la constitucion del 91 solo ha traido cosas buenas?.

    camilo.

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