miércoles, 5 de enero de 2011

NOS-OTROS LOS COLOMBIANOS

Por Andrés Álvarez Arboleda
Durante el segundo semestre del 2010 apareció en los medios de comunicación la campaña del Fondo de Prevención Vial “epidemia de excusas”, bastante afortunada por apuntar directamente a uno de los caracteres que tan débil ha hecho a la sociedad civil en Colombia, no sólo en las vías, sino en toda la cotidianidad social. Lo que terminamos justificando bajo cada pretexto es una conducta individualista-facilista muy propia de los colombianos, que a la final encuentra su reflejo en la corrupción administrativa, la criminalidad y  el bajo nivel de calidad de vida.

Y es que siempre hemos encontrado a quién echarle la culpa (a los liberales, a los conservadores, a la Iglesia católica, a los uribistas, a los de izquierda, a los españoles, a los…) mientras nos mantenemos al margen de la construcción de la cultura ciudadana y la conciencia política que necesitamos para afrontar la fragmentación social y los conflictos que arruinan al país. Sólo reconocemos al otro para desplazar la responsabilidad de la participación en la sociedad que nunca hemos asumido. Estanislao Zuleta, en el elogio de la dificultad, muestra que ese reconocimiento viciado del otro opera bajo el esencialismo, “lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación de su ser más profundo”; mientras que nos evaluamos a nosotros mismos desde la lente del circunstancialismo, “de manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura”. Este factor hace que en Colombia sea particularmente peligroso el Estado de Opinión, porque aunque en el ordenamiento jurídico hay buenas garantías para la libertad de expresión, de culto y conciencia, los colombianos no soportamos las ideas que difieran de las nuestras y pensamos que las libertades de los demás sólo deben ser tenidas en cuenta en tanto vayan de la mano de nuestros intereses.  Las minorías acabarían por ser depredadas, y ningún gobierno alcanzaría a ser tan depredador como somos nosotros mismos.

No podemos seguir considerando al otro como el chivo expiatorio que siempre nos excusa, por el contrario, debemos asumir el papel de actor en el Estado. Los cambios sociales y políticos sólo son posibles cuando el individuo se autorregula y se mantiene al margen de los pretextos, se toma lo público en serio y reconoce la persona del otro. Así se construye una sociedad nueva, dueña de su destino y reconocida como la única autoridad legítima. La idiosincrasia y los usos colombianos deben ser sometidos a una incisión profunda para arrancar “eso” que nos estanca en una sociedad atrasada y ahogada en problemas sociales. La responsabilidad es de nosotros, los colombianos.

6 comentarios:

  1. me parece brillante,
    sin envargo un poco suave la forma como dices poder resolver esta capacidad de excusarnos en el otro; pues, si se puede resolver de la manera en que lo presentas, que es lo que yo entiendo por una individualismo inteligente, o sea: hacerce responsable del papel que tiene uno en la sociedad que conforma. Pero considero que no ledas suficiente fuerza.

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  3. Andres comparto este pensamiento tuyo... cada uno puede hacer mucho, pero mucho, por la sociedad. Hasta el proximo articulo.
    Carlos Mario Gomez Alvarez

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  4. Loco...este me gustó mucho, te felicito... tengo una opinión muy afín a la tuya en este aspecto

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  5. Juan Camilo ALvarez
    Los colombianos le echamos al culpa a los otros, es cierto, esto es un problema que viene desde nuestra educación y formación, en Colombia la política se pinta como algo aburrido, algo que solo es para abogados y los demás relacionados, o algo que solo se vive cuando cada que hay elecciones como si se tratase de un carnaval, y es eso lo que quiero resaltar, hay una epidemia de excusas y unos conceptos errados que nos han inculcado desde la infancia y que solo cambiaran cuando haya una reforma a la educación Colombiana.

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  6. Hay una excusa bastante difundida. Se dice usualmente que en Colombia hay problemas más importantes y urgentes que atender(el orden público, por ejemplo)que la educación. Pero es un síntoma de que en Colombia todo lo queremos resolver a patadas. Atacar militarmente los problemas es poner un parche en el asunto, pero no solucionarlo. Somos facilistas y tememos tomar el camino largo y difícil. y ese camino es el de la construcción de una nueva sociedad.

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