miércoles, 12 de enero de 2011

DEMOCRACIA... ¿POR QUÉ?

Por Santiago Sosa Noreña
Muchos aún añoran un sistema socialista o comunista, la mayoría de ellos en América Latina, lugar donde las ideas van a morir y son resucitadas por obra y gracia del realismo mágico, cuando no de la piedad popular que enorgullecía tanto a Juan Pablo II y moja los sueños de Benedicto XVI.

Si bien el comunismo pareciese ser paradisíaco pues no hay distinción entre humanos y no hay violencia (aunque para llegar a él tuvo que darse la lucha de clases), es impracticable. Las razones están en nuestra condición de animal humano y nuestra actual situación: Estamos adaptados a vivir en una sociedad que tiene un macho alfa (o hembra alfa, por qué no?), somos muy diferentes el uno del otro (más aún considerando las diferencias entre géneros), buscamos primero nuestro bien (no el de la sociedad) y nuestro número hace que sea imposible no tener Estado pues es imposible poner de acuerdo a 7 mil millones de personas si no es a través de jerarquías y dotación de poder a ciertos organismos y sujetos.

Una sociedad comunista puede existir. De hecho, los kibbutz en Israel son una prueba de ello: Pequeñas sociedades que no tienen propiedad privada y todos trabajan por el bienestar de la comunidad. Aquí las palabras clave son dos: Pequeñez y supervivencia. Una comunidad comunista es factible sólo si es pequeña (yo diría que menos de 100 personas) y todos trabajan para la supervivencia del grupo, lo cual significa muchas veces que sea típicamente agricultural (antiguamente cazadora).

Supóngase que en la sola ciudad de Medellín se implementara el modelo comunista: Cómo van a trabajar en conjunto 3 millones de personas sin jerarquías? Mucho menos dado el hecho de que en la ciudad no podría producirse la suficiente comida como para alimentar tantas bocas.

Por supuesto, pareciera que nadie en el hemisferio occidental quisiera un sistema absolutista, si bien algunos árabes parecen felices. Sin embargo, una monarquía absoluta pareciera estar en línea con nuestra naturaleza y fue el sistema dominante en la mayor parte de la historia de la humanidad. ¿Por qué no volver a él? Las personas no quieren renunciar a sus libertades y ya Dios no elige a los monarcas en la tierra (salvo en el mundo árabe).

Sin embargo, dado el híper-presidencialismo que reina en América Latina, al jefe de gobierno se le confieren potestades mesiánicas, casi monárquicas. Es decir, pareciera que no se elige a un presidente sino a un rey. Peor aun: un rey con la bendición divina pues se esperan verdaderos milagros de un pobre humano.

Así pues, llegamos a la democracia. Se dice que es el mejor sistema posible, y probablemente lo sea! Que el sustento del poder esté en el pueblo es el mejor igualador (todos nacemos iguales ante la ley) y supone que cada cual estará activamente decidiendo sobre el porvenir de su Estado, lo cual significa decidir su propio porvenir.

Bien sea una democracia directa (como la suiza, aunque no es practicable sino allí dada su tradición, cultura y minúscula población de 7 millones) o representativa (ya sea presidencial como la nuestra o parlamentaria como Canadá), la democracia es el mejor sistema para preservar las libertades individuales y los derechos primordiales que de otra forma son violados por un sistema absoluto o el comunismo: La libertad en general (expresión, cultos, etc.) y la propiedad privada (que podría ser una forma más de libertad). Por más que a los socialistas o a los comunistas les produzca náuseas, es la propiedad privada la que permite a una persona asegurarse un nivel de vida digno y potencializar sus capacidades, de las cuales hará uso gracias a su libertad.

Suena muy lindo, no? Y aún así, la democracia tiene un gran problema: Precisamente como cada sujeto tiene voz y voto en su país, tiene una gran responsabilidad: Estar permanentemente activo en la vida política local, regional y nacional. Y es precisamente aquí donde las personas comienzan a preferir otros sistemas: No quieren esa responsabilidad!

La madurez política de los colombianos pareciera estar todavía en épocas del virreinato. Muchos piensan: “Yo voté por él, ahora que gobierne y se encargue de todo”. Algo similar ocurre con los padres respecto a sus hijos: “Yo lo metí a un buen colegio, que lo eduquen, yo no me encargo de eso”. Votación y engendración irresponsable.

Adicionalmente, un gran problema de la democracia es que las elecciones pueden volverse una falacia: Votos comprados, votos mal puestos, acciones sin criterio. Las excusas? “Yo no voto por él porque no es católico”, “yo voté por él porque me pareció bonito”, “para qué votar si siempre es la misma vaina?”, “yo voy a votar por el que va primero en la encuesta para no botar el voto”. La democracia en un pueblo ignorante es su propio verdugo.

Mas, aun con todo lo anterior (y su dolencia en Colombia), la democracia es el mejor sistema que se puede tener comenzando por su protección a la libertad y a la propiedad privada. Como ambas cosas han sido dadas a cada colombiano que nace desde 1819, no hemos tenido que luchar por nuestro derecho a ellas. Tal vez sea por ello que no comprendemos qué maravilla tenemos entre manos. Si lo comprendiéramos, la vida política colombiana podría asemejarse más a la suiza.

1 comentario: