jueves, 20 de diciembre de 2012

LA MEDIANOCHE DE LA HUMANIDAD

Por Julián Daniel Acosta G.
En la película The Watchmen (2009) plantean la metáfora de un reloj  que funciona como símbolo de la proximidad de la destrucción del mundo, de tal manera que, cuando el reloj marque la medianoche la autodestrucción de la raza humana y del mundo con ella, es inminente. De ante mano digo que esta alusión al fin del mundo no tiene relación con las teorías que en estos tiempos se proliferan como un virus, no; yo me refiero (y es quizá mi tema preferido y urgente) a la pérdida paulatina de aquellos valores inmanentes al concepto de humanidad, en mi artículo pasado La destrucción de lo humano desde la banalidad artística me referí, quizá dolorosamente, a la muerte del arte: la muerte de lo humano. Hoy me ocuparé de algo mucho más grave: El hombre olvidó la piedad, olvidó la armonía, la hermandad y sobre todo, olvidó coexistir.

Queridos lectores, es increíblemente irónico que mientras Estados Unidos celebra su triunfo en Miss Universo, igualmente moviliza tropas a Libia, que mientras se abren los diálogos de paz en Colombia, las selvas se hastían del olor a sangre, que en El Carmen de Viboral, se colmen las plazas mientras nos engullirnos nuestros sueldos de hambre, mientras las autoridades despojan a un humilde campesino de su mercancía por el hecho de no tener permiso para vender en espacio público ¡que don Bernardo Javier Gaviria Botero se muera de hambre mientras no engorde las arcas de la tesorería municipal! ¿Dónde  habrá quedado aquello de servidores del pueblo? Bueno, ellos sabrán. «Panem et circenses» ¡Cuánta razón tuviste Juvenal!

En la época que nos toco vivir, distraer a las masas es mucho más sencillo que hace mil años donde la educación era más escasa; y no solo eso, cuando nos damos cuenta de lo que es la realidad social del mundo, de nuestro país, no nos importa desde que no tenga que ver con nosotros ¿Cómo se explica eso? Desde mi punto de vista, la naturaleza humana es invariable, es la misma de siempre y para siempre, radica principalmente en el egoísmo: a los seres humanos únicamente nos importa lo que concierne a el individuo. Lo importante entonces es expandir aquello que es importante para el individuo, la respuesta entonces es la educación, la sensibilización, el conocimiento del mundo y de la humanidad en él como un organismo: si falla mi vecino, estoy fallando yo mismo. ¡Mierda! Eso jamás va a pasar, porque los pocos que se toman el tiempo para pensar en la sociedad desde una perspectiva filosófica coinciden en la imposibilidad de la salvación de la raza humana, en que es mejor apagar esto: pesimismo absoluto y lo peor, desencantado: poco poético (pueden vincularme a estos pesimistas) y los pensadores que logran asir una solución son tachados de optimistas. Lo que en el mundo seudointelectual de la postmodernidad, es ser estúpido: herencia de Marx.

No he sido del todo sincero, es obvio que las reiterativas alusiones al fin del mundo han influido en mí para escribir estas páginas. Y la verdad es que sí, los rumores han logrado asustarme y no precisamente porque sea un místico ni un esotérico ni un creyente de esas cosas (sin desmeritar a quienes sí lo hacen) sino por otras dos razones: la primera, la he conjurado con verosimilitud, es un pensamiento lógico, pero la segunda es una ficción pero que quizá refleja con mayor claridad (como todas las ficciones) el hondo abismo del ser humano.

La primera razón que suscita mi alarma en el asunto del fin del mundo, es que este puntico azul de la vía láctea está atestado de psicópatas con armas de destrucción masiva (Químicas, Biológicas y Nucleares) producidas a escala con la única intención de propiciar la doctrina del miedo. Lo preocupante es que los susodichos, no escatimarían en dificultades para hacer uso de sus armas con el fin de que coincida con la fecha de los mayas y así iniciar el cataclismo de Damocles del que nos habló García Márquez, “destruir occidente en la fecha propagandística creada por occidente” dirán algunos, no sé.

La segunda razón es casi un ejercicio literario con la cual pienso concluir estas páginas, pero no sin antes exhortarlos, como diría Cicerón, a obviamente no contradecir su propio egoísmo, porque está en su naturaleza, pero sí a añadir al otro a lo que concierne a ustedes, a entender mínimo, su comunidad como un organismo, recuerden los versos de Whitman:
¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!
de sus preguntas que vuelven,
Del desfile interminable de los desleales,
de las ciudades llenas de necios,
De mí mismo,
que me reprocho siempre (pues,
¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),
De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
De lo malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,

De los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que
vuelve - ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, Oh, mi yo, Oh, vida ?
Respuesta
Que estás aquí - que existe la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama, y que
puedes contribuir con un verso.
Segunda razón de mi alarma: he pensado que la fecha del veintiuno de diciembre del dos mil doce no es otra cosa que una metáfora de lo que paulatinamente se ha venido presentando, que la humanidad se ha degenerando y no tiene otro paso lógico que la autodestrucción, que ya el hombre ha mandado al quinto infierno aquello que lo hace hombre,  ya no hay nada que importe para la construcción de lo humano, que como en el reloj de The Watchmen nos estamos acercando con nuestros propios pies, por fin y para siempre a la medianoche de la humanidad: que si Dios no existe hay que temer de no tener barrera para el desaforado y oscuro corazón humano, que si Dios existe será tan cruel de no hacer nada mientras miramos suplicantes al cielo, gritando –sálvanos- postrados de rodillas y con las manos manchadas de sangre y tierra, Él nos dirá: -no. Como dije es solo una ficción pero intenta revelar lo que para mí es la mentalidad humana ¡el que tira la piedra y esconde la mano! Y quizá no habrá cataclismo ¿pero qué importa ya si estamos olvidando ser humanos? 

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