Por Julián Daniel Acosta Gómez
He pensado, no sin asombrarme, que escribir este artículo con la grandilocuencia que exigen eso amores artísticos, es poco menos difícil que lograr un buen poema o relato. Por otro lado, la pureza que exige un verdadero amor, sólo puede expresarse con las palabras precisas. Lastimosamente –digo que es lastimoso por mis intereses filosóficos- he optado por evitar mi primera dificultad y conságrame en lo segundo, por ello me limitaré a contar mi experiencia directa con Pink Floyd y no a estudiarla.
En mis tiempos de colegio siempre escuché expresiones como: “Pink Floyd es muy volado” “Pink Floyd es rock-Psicodélico” categorías no equivocadas pero tampoco relevantes; también pude escuchar diálogos donde se enfatizaba un cierto valor depresivo en el grupo, cosa que considero realmente deplorable, supongo que en una sociedad que ha sido construida bajo los supuestos del conformismo, al encontrarse con un fuerte pesimismo – que no es otra cosa que la manera de salvar al hombre moderno siendo el principal sustento de la crítica social- no tiene otra salida que confundir la interrogación constante al mundo con depresión y debilidad para afrontar la realidad.
Creo que ambas categorizaciones (lo depresivo y lo psicodélico) independiente de si son acertadas o no, me llevan a pensar que son explicaciones casi sintomáticas de una verdad que no ha sido comprendida plenamente: Pink Floyd es el rock de la metafísica. Pensemos que Pink Floyd entra en escena justo en el momento que The Beatles está en el declive de su carrera, cuando la marcada profundidad de Lennon –que podríamos entender como precuela de Pink Floyd- empieza a rayar con el convencionalismo de McCartney. Entendiendo esto, podría suponerse que Pink Floyd aparece en el momento justo para redefinir el imaginario colectivo instaurado por The Beatles y que Lennon entendió que se debía superar. Creo que la verdadera ruptura se da en lo que cada grupo entendió como la función de la música, factor que me dará pie para desahogar mi amor por Pink Floyd. La Metafísica, ya lo he dicho, Pink Floyd es metafísica. El grupo ha logrado conjurar una suerte de amalgama -Kafkiana, diré, donde la expresión musical nos ahoga en la profusa corriente de las ideas, donde sus letras igualmente evocadoras, se sirven de un arduo análisis de la conducta humana para desarrollar -y subvertirnos en el proceso- todo un cúmulo de pensamientos que van más allá del bien y el mal, que importan nada más que como pensamiento enarbolado, como evidencia de un paramundo que existe como resultado de la ineficacia de la realidad pero es independiente de ella: ese mundo que apenas habitan las ideas, que sólo se transmite a este plano en una guitarra, un sintetizador, un bajo, que se extienden hasta los oídos de un hombre para llevarlo a la vida que no necesita espacio y donde el tiempo se hace infinito en una nota. Lo dicho Parese falso, Pero vean Pink Floyd: The wall o escuchen The Dark side of the moon y díganme que miento, o Wish you were here, un buen amigo mío ha tenido pequeños orgasmos, como el mismo los llama, escuchando Shine on you crazy diamond
Según Immanuel Kant, una afirmación es metafísica cuando afirma algo sustancial o relevante sobre un asunto, algo que pueda sobrevivir como idea y no como mero acontecimiento; a este respecto no solo creo que Pink Floyd apartó un lugar para la metafísica en los años de oro del Rock, sino que también, inventaron un mundo que nos abre sus puertas cada que “pinky” habla en los parlantes.
He dicho y lo sostengo, con todo el amor del mundo, Shine on you crazy diamond es música orgásmica, imposible no sentirse "encalambrado" (como llamo yo a la sensación esa en la que uno no puede controlar sus músculos y las contracciones se vuelven inevitables) cuando suena la más grande de todas las bandas de la historia, en mi concepto. Pink Floyd batió barreras y récords hasta ahora insuperados por ninguna banda, récords que no pueden ser medidos de manera cuantitativa, récords que sólo pueden ser medidos en la cantidad de micro orgasmos cuando suena una canción tan profundamente hermosa como Shine on You crazy Diamond el mayor de los tributos a la metafísica y a SYD, gracias Juli por el texto. Un Abrazo: Alejandro Arcila
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