De una democracia de electores a una democracia de ciudadanos
Por Alejandro Arcila Jiménez
Es bien cierto que en América Latina se ha dado un
fenómeno bastante curioso y además de esto bastante apropiado, la comunidad
latina es en su gran porción democrática y esto es importante en la medida en
la que se ha conseguido consolidar un régimen democrático a pesar de las
amenazas latentes, en tiempos pasados más que en la actualidad, como los golpes
militares y las dictaduras totalitarias.
Es pues de celebrar que en los últimos años se haya
conseguido consolidar una América democrática y que al menos consagra en cuanto
ideas los principios, valores y derechos fundamentales que tienen todas las
personas en cuanto personas gracias a la declaración universal de los derechos
humanos.
Si bien se ha logrado avanzar en la consolidación de
una democracia de electores, a las democracias latinas se les convoca ahora a
ir hacia una democracia de ciudadanos, que contenga una verdadera vocación de
participantes, de ciudadanos empoderados que conocen la importancia de su
derecho al sufragio y que saben que además de ese derecho cuentan con otras
formas democráticas de participar, para hacer avanzar en un primer plano a los
respectivos países y a la región en general y además conseguir una real
efectivización de derechos fundamentales para construir una verdadera
ciudadanía social y civil. El sujeto debe pasar de ser votante a ser ciudadano.
Ya superados los riesgos pasados que tenía la región
en cuanto a la consolidación de una democracia sostenida, se presentan nuevos
retos a las democracias latinoamericanas, tales retos tienen que ver con el
triángulo que se ha planteado ya en los informes del PUND (Programa de las
naciones unidas para el desarrollo) consistente en la existencia de tres
factores determinantes en las relaciones sociales de la región latinoamericana:
Democracia en una arista, desigualdad en otra y pobreza en la otra. Este
triángulo plantea problemas nuevos y diferentes a los que se han planteado en
otras regiones del mundo.
Es indudable que esta triada problemática es un reto
que se le plantea a la región más desigual del mundo, que también así como se
reconoce que ha conseguido avanzar en la consolidación de la democracia, no ha
conseguido tener mejoras considerables en cuanto a la disminución de la pobreza
y el cierre de la brecha de desigualdad social, que es amplísima en América
Latina. Claro está que la propuesta es generar una verdadera conciencia y
emancipación de los sujetos para hacer avanzar a nuestras sociedades hacia una
democracia de ciudadanos convencidos de su papel en el desarrollo y el cambio
de las condiciones actuales.
Si no se consigue superar la desigualdad y la pobreza
en América Latina la democracia corre altos riesgos de verse opacada e incluso
destruida, los informes del PUND aseguran que “muchos (sujetos) estarían dispuestos a apoyar un régimen
autoritario si este pudiere dar respuesta a sus demandas de bienestar” 1 se
debe hacer un llamado de atención certero a las sociedades latinoamericanas y a
sus dirigentes sobre la necesidad de comenzar a desarrollar un proceso que
sirva para solucionar la pobreza y la desigualdad con el fin de sostener las
condiciones democráticas de la región y de llevarla de una democracia de electores
a una democracia de ciudadanos.
Es indudable que el papel que debe asumir el ciudadano
es de empoderamiento, la tarea de salvar la democracia no corresponde
exclusivamente a los estados, el papel fundamental lo tiene la ciudadanía, una
ciudadanía que tome conciencia de su papel en el desarrollo, y que se convenza
que sólo a través de la democracia es posible alcanzar una estabilidad mínima y
un respeto por sus derechos fundamentales, será la única que consiga superar
las barreras de más de 20 años de democracia de electores, de una región
desigual y pobre, sólo una ciudadanía convencida puede lograr un verdadero
cambio.
El papel de formar ciudadanos así recae en todas las
instituciones de la sociedad, desde la familia hasta la escuela, sobre todo
esta última lleva con una gran carga encima, es la educación la encargada
principal de formar ciudadanos para una nueva democracia.
1. PUND, informe “la democracia en América Latina” (“El desafío: de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos” texto revisado) pp. 40
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