domingo, 22 de abril de 2012

EL DESAFÍO:

De una democracia de electores a una democracia de ciudadanos

Por Alejandro Arcila Jiménez

Es bien cierto que en América Latina se ha dado un fenómeno bastante curioso y además de esto bastante apropiado, la comunidad latina es en su gran porción democrática y esto es importante en la medida en la que se ha conseguido consolidar un régimen democrático a pesar de las amenazas latentes, en tiempos pasados más que en la actualidad, como los golpes militares y las dictaduras totalitarias.

Es pues de celebrar que en los últimos años se haya conseguido consolidar una América democrática y que al menos consagra en cuanto ideas los principios, valores y derechos fundamentales que tienen todas las personas en cuanto personas gracias a la declaración universal de los derechos humanos.

Si bien se ha logrado avanzar en la consolidación de una democracia de electores, a las democracias latinas se les convoca ahora a ir hacia una democracia de ciudadanos, que contenga una verdadera vocación de participantes, de ciudadanos empoderados que conocen la importancia de su derecho al sufragio y que saben que además de ese derecho cuentan con otras formas democráticas de participar, para hacer avanzar en un primer plano a los respectivos países y a la región en general y además conseguir una real efectivización de derechos fundamentales para construir una verdadera ciudadanía social y civil. El sujeto debe pasar de ser votante a ser ciudadano.

Ya superados los riesgos pasados que tenía la región en cuanto a la consolidación de una democracia sostenida, se presentan nuevos retos a las democracias latinoamericanas, tales retos tienen que ver con el triángulo que se ha planteado ya en los informes del PUND (Programa de las naciones unidas para el desarrollo) consistente en la existencia de tres factores determinantes en las relaciones sociales de la región latinoamericana: Democracia en una arista, desigualdad en otra y pobreza en la otra. Este triángulo plantea problemas nuevos y diferentes a los que se han planteado en otras regiones del mundo.

Es indudable que esta triada problemática es un reto que se le plantea a la región más desigual del mundo, que también así como se reconoce que ha conseguido avanzar en la consolidación de la democracia, no ha conseguido tener mejoras considerables en cuanto a la disminución de la pobreza y el cierre de la brecha de desigualdad social, que es amplísima en América Latina. Claro está que la propuesta es generar una verdadera conciencia y emancipación de los sujetos para hacer avanzar a nuestras sociedades hacia una democracia de ciudadanos convencidos de su papel en el desarrollo y el cambio de las condiciones actuales.

Si no se consigue superar la desigualdad y la pobreza en América Latina la democracia corre altos riesgos de verse opacada e incluso destruida, los informes del PUND aseguran que “muchos (sujetos)  estarían dispuestos a apoyar un régimen autoritario si este pudiere dar respuesta a sus demandas de bienestar” 1 se debe hacer un llamado de atención certero a las sociedades latinoamericanas y a sus dirigentes sobre la necesidad de comenzar a desarrollar un proceso que sirva para solucionar la pobreza y la desigualdad con el fin de sostener las condiciones democráticas de la región y de llevarla de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos.

Es indudable que el papel que debe asumir el ciudadano es de empoderamiento, la tarea de salvar la democracia no corresponde exclusivamente a los estados, el papel fundamental lo tiene la ciudadanía, una ciudadanía que tome conciencia de su papel en el desarrollo, y que se convenza que sólo a través de la democracia es posible alcanzar una estabilidad mínima y un respeto por sus derechos fundamentales, será la única que consiga superar las barreras de más de 20 años de democracia de electores, de una región desigual y pobre, sólo una ciudadanía convencida puede lograr un verdadero cambio.

El papel de formar ciudadanos así recae en todas las instituciones de la sociedad, desde la familia hasta la escuela, sobre todo esta última lleva con una gran carga encima, es la educación la encargada principal de formar ciudadanos para una nueva democracia.


  1. PUND, informe “la democracia en América Latina” (“El desafío: de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos” texto revisado) pp. 40

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