Por Andrés Álvarez Arboleda
Tras el fallo de la Corte Constitucional sobre la tauromaquia y otros espectáculos que involucraban animales, grupos antitaurinos y protectores de animales, congresistas, y miembros de la comunidad empezaron a impulsar un referendo con el fin de prohibir las corridas de toros. Apoyo la iniciativa, pero advierto que si se reduce sólo a la vía jurídica el remedio podría ser peor que la enfermedad.
En primer lugar, considero que el asunto no es tan sencillo como incluir una modificación en el ordenamiento jurídico. Lo que se tiene que cambiar verdaderamente son las prácticas sociales, hacer entender a la población que no podemos hablar de una conciencia ecológica mientras se realizan espectáculos en los que el centro de atención es un proceso injustificado de destrucción, y que difícilmente podremos cambiar la situación de violencia de un país desangrado por el conflicto, si dentro de las tradiciones se continúan incluyendo prácticas abiertamente violentas donde es considerado héroe el que mata (no en función de la subsistencia, sino de una práctica que no tiene otro objetivo que matar “estéticamente”).
En segundo lugar, la prohibición, sin antes haber creado la conciencia antes expuesta, no asegura que se dejen de llevar a cabo las corridas de toros. Por el contrario, podría llevar a la consolidación de mafias que girarán en torno a esta actividad, tal como ha ocurrido con la prohibición de las drogas o el alcohol en distintas épocas. Sabemos muy bien que con esta clase de prohibiciones sólo se han agravado los fenómenos de violencia y corrupción.
Reitero que apoyo el referendo, e invito a los lectores de este artículo, si sus convicciones en este tema coinciden con las mías, a inscribir la cédula en la Registraduría para votar en el referendo. Pero les recuerdo que esa decisión viene acompañada de la obligación de ser garantes de que el proceso sea integral. Al Estado le corresponde no sólo hacer una enmienda en el ordenamiento jurídico, sino propender por extinguir las prácticas violentas en todos los niveles sociales. Tenemos que impulsar un cambio cultural. Hay que hacer las cosas, pero hacerlas bien.
My bueno andres, claro y conciso, todo ese tipo de cosas tienen el peligro de convertirse en mafias, pero creo que es mas facil esconder un cigarrillo, un pitillo y unos gallos de pelea, que unos toros furiosos, caballos y a ese hombre con vestimenta ridicula, que porta una espada que parece que se va quebrar.
ResponderEliminarcamilo alvarez
¿Un proceso injustificado de destrucción?
ResponderEliminarhay que ver para quién es injustificado porque obviamente para las personas que gustan de este tipo de espectáculos -aclarando que yo los detesto con toda el alma- es algo normal y razonable. yo pienso que algo es justificable en la medida que los argumentos son comprobables en la lógica de quien los plantea, el verdadero problema, creo, es considerar si en el imaginario colectivo que se ha emplazado en nuestro tiempo ¿prácticas como estas son legítimas? Reitero, lo importante es saber si son legítimas o no pues justificación siempre encontrarás, y si son legítimas o no, la propia movilidad social dará cuenta de ello.
Julián A.