domingo, 20 de marzo de 2011

LOS VIOLENTOS

Por Andrés Álvarez Arboleda
El Global Peace Index, un ranking de Vision of Humanity que a partir de ciertas variables determina la situación de violencia dentro de los Estados, para el año 2010 ubicó a Colombia como el duodécimo país más violento del mundo. Lo que más llama la atención, sin embargo, es que desde el 2007 Colombia no ha mostrado avances importantes, por el contrario, la violencia parece recrudecerse. Y como he dicho en otros artículos, no pienso que éste fenómeno se pueda ubicar en ciertos sectores de la población o en ciertos individuos, sino que creo firmemente que la violencia del país atiende a valores culturales y a una serie de decisiones políticas erradas tomadas durante muchas décadas.

Cuando alguien le paga a un sicario para que asesine a otra persona, no se puede analizar el hecho como aislado, sino que tenemos que preguntarnos por qué el sicario tiene que acceder a esa actividad para subsistir, y qué motivaciones tiene el que paga. Casi siempre estas motivaciones atienden al conflicto armado (que se desarrolló en muchos casos a partir de deficiencias estructurales del Estado), o bien a valores o prácticas de la sociedad como la intolerancia, la justicia a mano propia, y la prevalencia de las formas violentas de solucionar los conflictos personales.

Pero el problema no se queda solamente en la esfera de comisión del crimen, la misma sociedad al condenar una conducta delictiva actúa de manera desmedida. El derecho penal es visto por gran parte de la población como una forma de venganza organizada, y muchos fallos judiciales son rechazados por la opinión pública porque no son lo suficientemente duros o porque respetan las garantías procesales de los ciudadanos imputados. Los medios de comunicación han jugado un rol especial en incentivar sentimientos de venganza dentro de la población. Uno de esos programas es Séptimo Día, del Canal Caracol, que demostrando un profundo desconocimiento sobre el Derecho, ha descalificado públicamente decisiones judiciales por tomar en cuenta disposiciones sobre la protección a ciertos sujetos como los menores de edad, y hace parecer frente a las cámaras a los victimarios como a sujetos a quienes no se debe más que castigar, sin tener en cuenta que también ellos deben ser tratados bajo consideraciones de humanidad, y a los jueces que tienen en cuenta esas consideraciones de humanidad, como a prevaricadores.

Lo que queda en este punto es preguntarnos si nosotros no somos también culpables del ambiente de violencia en el que vivimos, es necesario replantear los valores de la sociedad, y pensar de nuevo el fenómeno criminal como un hecho de toda la sociedad. Es fundamental sentirnos responsables de lo que ocurre en el entorno, si no es así, sólo seguiremos dentro de una sociedad más fragmentada y violenta.

2 comentarios:

  1. No es bueno creer tampoco en todo lo que dicen los rankings mundiales... esos no son más que constructos de países muy poderosos, que a la larga les sigue conveniendo que latinoamérica sea "violenta" o al menos así representada... cuando ya no existe la latinoamérica violenta, las relaciones de poder entre países se ven invertidas... a veces lo que tienen es miedo a que nos demos cuenta que, como dices, la responsabilidad es nuestra... y que con ella viene de la mano el poder de transformar nuestra realidad. Con esto, ellos quedarían relegados, y la autonomía latinoamericana sería más palpable. No debemos dejar de cuestionar nunca que esos países que nos tildan de violentos, también tienen guerras... y además, ¿quién nos vende las armas?, ¿a qué modelos de sociedades estamos apuntando?

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  2. El papel que juegan los medios de comunicación en nuestra sociedad es muy relevante, ellos no han entendido que el problema no radica en lo laxo o rígido del derecho penal, sino que es un problema cultural y han generado un sesgo de ignorancia en la población civil que lo que ha terminado por hacer es exigir un derecho penal máximo que restrinja todas las garantías procesales y si es posible que sea predelictual (al mejor estilo de la criminología positiva Italiana).

    Es muy triste ver como son víctimas de este sesgo todas las personas, incluso profesionales del derecho, triste fue escuchar a mi padre (todo un sociólogo) decir que deberían castigar a los menores, que "es que ellos delinquen porque no son castigados"

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