Por Andrés Álvarez Arboleda
No sólo las relaciones interpersonales y cotidianas están siendo sometidas a cambios con la presencia de los medios virtuales de comunicación, también la relación entre los ciudadanos y los Estados ha venido mutando vertiginosamente en los últimos años. Estas transformaciones han desembocado en diversos acontecimientos que han tocado las fibras más sensibles de la política internacional.
No sólo las relaciones interpersonales y cotidianas están siendo sometidas a cambios con la presencia de los medios virtuales de comunicación, también la relación entre los ciudadanos y los Estados ha venido mutando vertiginosamente en los últimos años. Estas transformaciones han desembocado en diversos acontecimientos que han tocado las fibras más sensibles de la política internacional.
Tal vez el fenómeno “cablegate” de WikiLeaks ha sido la muestra más contundente del papel que han asumido los medios virtuales como actores de la política internacional, destapando ante la mirada de la opinión pública, la doble moral que signa las interacciones diplomáticas y las confrontaciones armadas a nivel mundial. Umberto Eco, el autor de la famosa novela El nombre de la rosa, ha hecho a partir de ese fenómeno un importante análisis sobre lo que significa (y puede llegar a significar) política y socialmente, concluyendo que si bien sólo se reveló en el “escándalo aparente” de WikiLeaks un asunto que era bien conocido por todo el mundo[1], este hecho es una evidencia de profundos cambios que se irán dando a futuro. Considera, además, que la relación de control comienza a dejar de ser unidireccional para volverse circular, es decir, ya no es el Estado (y el ojo del poder) el que vigila a todos los ciudadanos, sino que “cada ciudadano, o al menos el hacker, puede conocer todos los secretos del poder". Esta transformación tiene un efecto importante en las democracias actuales, pues les recuerda que muchos de los principios democráticos fundamentales encuentran sustento en la visualización y el control que ejercen los ciudadanos sobre los Estados.
Pero la acción de WikiLeaks no se ha reducido sólo al llamado “cablegate”, también ha puesto en evidencia crímenes de guerra cometidos por las potencias en áreas de conflicto, hecho que debe ser reconocido como fundamental en la lucha por la consolidación de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, y no como actividades de simple espionajes. Los Estados, a diferencia de los seres humanos no tienen derecho a la intimidad, todo lo contrario, deben funcionar de cara a la ciudadanía, y en este punto es donde se vislumbra la importancia de éstas organizaciones para controlar las acciones que realizan los Estados que aún no han entendido los requerimientos que tiene la democracia.
Lo que definitivamente sorprende es que los Gobiernos, como el de los Estados Unidos, no pierden tiempo para salir públicamente a señalar las actividades de WikiLeaks como delincuenciales, incluso como terroristas; pero sobre hechos puestos en evidencia por esta organización, como la masacre de civiles iraquíes cometida desde un helicóptero Apache, no dicen nada.
[1] Eco se refiere a que las embajadas dejaron de ser meros cuerpos diplomáticos, para convertirse en centros de espionaje.
Efectivamente, luego del cablegate los Estados Unidos salieron indignados y así tendieron una cortina de humo que desvirtuó el verdadero sentido de todo. Lograron hacer más importante el hecho de las filtraciones que el hecho de haber cometido crímenes que ahora eran de conocimiento público.
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