domingo, 23 de enero de 2011

EL FIN DEL CONFLICTO

Por Andrés Álvarez Arboleda
El conflicto colombiano, lejos de estar llegando a su fin, es un fenómeno que se transforma y que no se reduce a la acción de unos determinados sujetos que contravienen el orden legal, sino que es el resultado de una compleja serie de hechos sociales. El problema es que pocas veces (o nunca) se visualiza la relación de esos hechos con el conflicto, y las estrategias para contrarrestarlo son formuladas solamente en términos de seguridad.

El Estado tiene la obligación de mantener el orden público, proteger la soberanía, y judicializar a los sujetos que atentan contra el ordenamiento jurídico, pero mientras estas acciones no estén sustentadas en la implementación de políticas sociales que eleven la calidad de vida de la población, se está combatiendo fuego con fuego. Y lo que siempre ha ocurrido es que se ataca la delincuencia al revés, es decir, el proceder estatal nunca ha estado dirigido a cerrar la entrada de personas a las estructuras criminales, sino solamente a “neutralizar” a quienes ya están en ellas. Así, cualquier proceso como la desmovilización paramilitar o la seguridad democrática están confinados al fracaso, porque si bien han logrado una disminución en la capacidad bélica de las organizaciones ilegales, no logran desmontar sus estructuras radicalmente. Un claro ejemplo de ese fracaso es el surgimiento de nuevas bandas narcoparamilitares que, en lugares como el departamento de Córdoba, han puesto en entredicho la soberanía del Estado.

Entonces se cae en un círculo vicioso: hay eventos de desplazamiento como resultado de los enfrentamientos armados, estos desplazados llegan a hacer parte de los cinturones de miseria de las ciudades, y en este tipo de comunidades, en las que el objetivo inmediato es la supervivencia (y el ser humano está dispuesto a sobrevivir a cualquier costo), hay grandísimas posibilidades de que se creen “caldos de cultivo” de la delincuencia. Pero este ciclo parece estar muy alejado de ser relevante para la mayoría de los colombianos, para quienes no será posible un desarrollo social si no se acaba primero el delito. No nos percatamos que en tantas décadas que llevamos combatiendo a la delincuencia antes que realizar acciones de impacto social ni la violencia se acaba, ni se llevan a cabo procesos sociales fuertes.

Pienso que si la manera de proceder no cambia, nunca veremos el fin del conflicto. Es hora de pensar, de una vez por todas, en la educación, la generación de empleo, la expansión de una económica incluyente, la cultura ciudadana y la consolidación de los derechos como el verdadero camino hacia el final del conflicto, al que no se llegue por las armas, sino por medio de una verdadera reconciliación social.

3 comentarios:

  1. Interesante, el fin del conflicto no esta cerca, ademas en zonas del uraba antioqueño, el magdalena medio o los llanos orientales donde la oportunidad de estudio o de un estilo de vida que saque de la pobreza que no implique el cultivo de coca, trafico de gasolina o el unirse a los grupos armados, parece solo una ilusión, es así, que si bien la requiere la presencia de las fuerzas armadas del estado este no es lo único, estoy de acuerdo, pero no deberíamos pensar que solo con dar las oportunidades de empleo y educación el conflicto se solucionara con el tiempo, por esto creo Andrés que podrías revisar algo sobre el príncipe de maquiavelo y la confianza del pueblo en sus fuerzas armadas.
    Juan Camilo Alvarez

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  2. El príncipe de Maquiavelo es un libro que se enmarca en el Estado absoluto, la relación que aparece es de príncipe-súbditos. Nuestro estado debe contemplar una relación gobernador-ciudadanos. Ese libro es fundamental en el contexto que fue escrito, pero ahora no se pueden aplicar sus principios a nuestros modelos de organización Soy conciente de la necesidad de mantener fuerzar armadas en el Estado, pero se requiere un sustento social para poder construir un verdadero cambio.

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  3. Y debo añadir, no estoy dando la fórmula mágica para que termine el conflicto, pero sí creo firmemente en las acciones sociales como medio de pacificación.

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