A propósito de la reciente polémica sobre la importancia de los diarios de Franz Kafka.
La cotidianidad en los
diarios de Franz Kafka, a mi modo de ver, no puede entenderse plenamente si no
se hibrida con otro de los temas fundamentales de los diarios: La escritura. He
pensado esto considerando que la presencia de la cotidianidad en ellos es
susceptible de analizarse en función de contenido y forma. No obstante, esto no
significa que lo cotidiano en los diarios sólo pueda analizarse
–exclusivamente- en relación con la escritura. Por lo anterior, es necesario
primero esbozar qué se entiende en los diarios de Kafka por cotidianidad para
luego entender qué refleja dicha cotidianidad a través del ejercicio de
escritura.
La cotidianidad en Kafka no se comporta
simplemente como una cadena de sucesos que le ocurren a un sujeto, sino más
bien, como una ocasión para presentar toda una visión de mundo y el
entendimiento de dicho sujeto en su contorno social, conservando siempre el
carácter subjetivo. Lo anterior es dicho puesto que cualquier acontecimiento en
la vida del autor, por banal que pueda parecer, siempre es concluido con una
reflexión que expresa una mirada angustiada frente al mundo, como si se
sintiera ajeno a él, aunque también denota un profundo análisis de los sujetos
con quienes interactúa, un tono reflexivo-filosófico; y al cabo último, una
mirada casi omnisciente de los acontecimientos que relata.
Para
que lo anterior sea explicado, no es posible desvincularlo del acto escritural,
pues si bien no es del todo razonable vincular los diarios de Kafka a una
expresión netamente literaria, tampoco es posible dejar de notar que hay
características en estos diarios de índole literaria responsables de que el
lector entienda la cotidianidad tal cual se está presentando. Entiéndase
entonces La cotidianidad en Kafka como una tentativa estética de relacionar
la contingencia del mundo con la interioridad del autor, Lo cual es
sustentable si se intentan responder la siguiente pregunta ¿Cómo están
expresados el contenido y la forma del texto?
En
cuanto al contenido, ya se ha
mencionado algo del asunto. Éste radica en lo que se expresa dentro de los
diarios: la visión de mundo. Lo importante a este respecto es lo consecuentes
que son los fragmentos, expresando todos, una cierta relación absurda con el
mundo, donde lo onírico y lo real conviven, donde la angustia es el motor para
buscar la reflexión y donde el autor encarna una suerte de otredad, un
enajenamiento frente a su contexto.
En
el asunto de la Forma vale la pena
señalar que todo lo anterior alcanza un carácter estético no solo por la
tentativa lírica, sino también por los grandes logros narrativos que se pueden
percibir. De ellos podemos destacar: la presencia de un yo que logra combinar la
reflexión (donde es evidente su correspondencia a los pensamientos de Kafka)
con la narración, donde el yo
adquiere más características de personaje que de sujeto real. Además, los
diarios cuentan con manejos temporales propios de narraciones ficcionalizadas,
al igual que inclusión de diálogos (evidencia de la cotidianidad) expresando
discurso directo y en algunas ocasiones, indirecto libre.
Así pues, se quiera o no, todas estas pistas
dan cuenta de una elaboración que comprueba la tesis de este texto: entender lo
cotidiano en los diarios de Kafka como una oportunidad de presentar
estéticamente la relación y reflexión del autor con todo aquello que le rodea.
Con Franz he tenido un contacto leve, casi imperceptible, se ha acercado a mí -o mejor yo a él- sólo en un libro, que de hecho sospecho no es el mejor de él; sin embargo ha logrado "embriagarme" -creo que sólo se le puede llamar así a esa sensación- y fascinarme de una forma tal que, siento, he llegado a amarle. En su hermosa "carta al padre" descubrí un personaje preciosísimo, un personaje con el que cualquier ser medianamente sensible podría identificarse; Kafka es muy bueno como escritor, pero es mucho más perfecto como personaje; seguramente muchas de las cosas que dijo en "carta al padre" y probablemente en sus diarios (aunque no he tenido el gusto de leerlos) sean exageraciones y mentiras, sin embargo -y aunque le resten realismo- no pierden valor, ni literario, ni personal. Franz es un gran personaje, el gran personaje de Kafka.
ResponderEliminarEstoy releyendo a Kafka desde hace días. Empecé una especie de homenaje titulado "El mensaje del emperador" en el que reúno una serie de cuentos que nacen de frases suyas. Aquí les dejo uno, con relación al escrito.
ResponderEliminarEl diario combate
“Al caer de espaldas sentí como una liberación; sentí que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre, irremediablemente, se ahogaba”
- El buitre, Franz Kafka
Sólo podía escribir. En el transcurso de su vida y sumadas al final sus experiencias, sabía de cierto que lo único en lo que podía destacarse, la única actividad en la que podía demostrar algún tipo de talento, era en la escritura. Así que se pasaba horas y horas intentando giros, componiendo oraciones, puliendo, con paciencia, el don que creía haber recibido y cuya mejoría comprobaba con algún rayo de orgullo cuando revisaba su evolución en los papeles.
Sin embargo, de tanto en tanto y harto de todo, salía a recorrer las calles, se agotaba hasta el paroxismo del cansancio y, eligiendo con cuidado un árbol de tronco grande, nudoso y firme, arremetía con toda la fuerza de sus puños la corteza. Duraban sus golpes cinco o diez minutos, dependiendo de las fuerzas que todavía le empujaran por dentro. Cuando se retiraba finalmente, derrotado y exhausto, tenía los nudillos hechos polvo. Lagos de sangre pintaban sus dedos de rojo y le costaba estirar los dedos (a veces uno de ellos crujía y la dirección en que apuntaba era signo suficiente de la fractura).
Nunca fue al médico por nada de eso. La lenta curación resucitaba sus ganas de escribir y cuando volvía al teclado no podía evitar sentir, junto a las punzadas de dolor, la esperanza de que en esta oportunidad sí lograría coronarse vencedor.
3
de junio
y 2012
Un saludo.