Por Andrés Álvarez Arboleda
Decía Jorge Eliecer Gaitán, describiendo el aparato judicial y el derecho penal de su época, que la justicia es “un perro rabioso que sólo muerde a los de ruana”; una justicia que operaba de manera selectiva, actuando implacablemente sobre ciertos sectores de la población, y dejando en la impunidad los crímenes cometidos en otros niveles sociales. Pero la rabia de ese perro, lejos de quedarse en las esferas judiciales, es una epidemia bastante expandida en todas las ramas del poder público y en la población misma.
Decía Jorge Eliecer Gaitán, describiendo el aparato judicial y el derecho penal de su época, que la justicia es “un perro rabioso que sólo muerde a los de ruana”; una justicia que operaba de manera selectiva, actuando implacablemente sobre ciertos sectores de la población, y dejando en la impunidad los crímenes cometidos en otros niveles sociales. Pero la rabia de ese perro, lejos de quedarse en las esferas judiciales, es una epidemia bastante expandida en todas las ramas del poder público y en la población misma.
Erróneamente, al sistema penal se le ha dejado la solución de casi todos los problemas sociales y fenómenos de violencia que azotan al país, y existe la sensación generalizada de que el aumento de las penas es la mejor forma de combatir los delitos. Ni lo uno ni lo otro es cierto. Hay situaciones que debido a su naturaleza requieren más la acción de una diversidad de respuestas en materia de políticas sociales o campañas pedagógicas, que la intervención penal; y aunque se haya aumentado drásticamente muchas sanciones para ciertos delitos, también se ha comprobado que su comisión continua creciendo.
El derecho penal tampoco se puede entender como una forma de venganza que opere bajo la lógica del ojo por ojo, contemplando penas que afecten gravemente la libertad o la vida del individuo procesado, como la pena de muerte o la cadena perpetua, pues su actuación se deslegitimaría debido a que actuaría con la misma violencia que debe busca evitar en la sociedad. La sanción no repara ningún daño en una víctima, y tampoco se puede esperar a que haya un daño para reaccionar, sino que se tiene que prevenir la afectación de la víctima.
Entonces, ¿tiene sentido que después de haber conseguido desarrollos importantes en materia penal como la abolición de la cadena perpetua o la pena de muerte, se piense en revivir dichas figuras conociendo de antemano su fracaso a la hora de prevenir el delito? Yo digo que no tiene sentido, y sostengo que no tiene sentido que se haya aprobado en segundo debate en el Congreso un texto legislativo que contempla convocar a un referendo para aprobar la cadena perpetua para violadores y asesinos de niños. No tiene sentido plantear que es más grave la violación de un menor que el asesinato de un adulto; no tiene sentido pensar que un aumento en las penas va a disuadir a los potenciales delincuentes, sin instrumentalizar a un ser humano castigándolo fuertemente para que otros no delincan; no tiene sentido esperar a que un niño sea violado o asesinado para reaccionar, se tiene que proteger al menor antes que castigar al delincuente; y no tiene sentido el “populismo punitivo” con el que se ha querido adoptar esta medida, con el fin de ganar adhesión política.
No es que esté defendiendo con esto a los violadores o asesinos de niños, pues son crímenes atroces para los que debe haber una intervención penal fuerte, pero una intervención pertinente y justa, que cumpla los verdaderos objetivos preventivos de la sanción penal. El pueblo colombiano en las urnas tendrá que demostrar que la violencia y el daño a otros no es la única forma que considera para afrontar los problemas sociales, que no es un perro rabioso.
Muy bueno el artículo. Es claro que la justicia no puede valerse de las pasiones de la población para poder así tomar una decisión. Y más aún si existen otro tipo de métodos que podrían disminuir la incidencia de los delitos.
ResponderEliminarPero le pregunto, ¿Acaso la impunidad en el país no influye en qué la diferencia entre las sanciones no determine el comportamiento de los delincuentes? Éste es un tema que no debe ser ignorado, dado que tiene implicaciones directas en el comportamiento. Yo mientras le respondo que no todos los delincuentes (en términos genéricos) ignoran la pena, existen algunos que si lo hacen, pero, también saben que será poco probable que su libertad sea privada. En caso contrario, es decir, en el caso de que la justicia tuviera menores grados de impunidad la diferencia entre penas si tendrían implicaciones directas en los delincuentes.
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ResponderEliminarRespondo al anterior con lo que es obvio, que no esta expresado en el texto. Pudiera ser que la efectividad penal y judicial fuese un factor en el razonamiento del que comete un delito, y que esto contribuyera para mantener los indices de criminalidad por lo alto. Pero otros países han acogido las figuras primitivas de la cadena perpetua y la pena de muerte, con la alentadora diferencia de que sí cuentan con un sistema judicial que ronda lo satisfactorio, y pese a esto sus indices de criminalidad son bastante problemáticos. Sospechas hay, entonces, de que esto no tiene efectos directos sobre la conducta delictiva, puesto que los delitos con mayor carga emotiva, el homicidio y las violaciones a menores, aquellos que por lo demás suscitan esos impulsos de involución normativa, son causados por situaciones momentáneas de inconsciencia y de obsecacion, en un ímpetu impulsivo, o bien por monomanías patológicas y enfermizas como la pedofilia o la psicopatía(Entendida como la ausencia de culpa o de alteración emocional significativa al cometer crímenes de gravedad, consecuencia, en ocasiones, sino de afecciones mentales, de lo que podríamos nombrar como "Marginalidad Legal" o la noción de que la ley es totalmente ajena a los propias condiciones o parámetros morales de conducta -caso, tal vez, de los sicarios y las bandas criminales-).
ResponderEliminarEn la ponderación mental del delito son mas efectivas las cárceles mentales, que actúan para la ley a nivel pre-punitivo, como el prejuicio del valor absoluto de la vida del otro (de lo cual es ejemplo el referente moral, aquí en Hispano américa, del valor de nuestra madres -Dios las bendiga y lleve a su gloria-:"Son sagradas") que el miedo (Que lleva al ingenio a trabajar por identificar falencias en el sistema), sobretodo para transformar esas configuraciones de parámetros morales que condicionan la vida a la necesidad material propia, o que, por diversas razones, no se identifican con los principios dispuestos en la ley y la tienen por inefectiva en todos sus niveles, llevando a la constante búsqueda de evitar sus efectos. Es preciso dejar de concebir a la sociedad como un conjunto de personas que aguardan al menor vacío legal para manifestar su falta de rectitud con una naturalidad emocionante. Vacíos hay, y habrán siempre, no hay que llenar nuestro sistema penal de leyes mas duras, de políticas y de fondos para evitar lo inexorable. Es mas útil entender que la conducta se rige por parámetros que actúan a distintos niveles, como el moral y el cultural(También llamado social) y que también son cruciales para la consecución de fines legales y estatales, siendo mas efectivos, en ocasiones, que estos, y que también son necesarios para explicar y transformar los indicadores de criminalidad. Hay que ver la amplia mejoría de Bogotá y de Medellín en cuanto a indices de criminalidad tras políticas sociales, educativas y culturales.
En cuanto a los psicópatas por afección mental, no cabe duda de no responden a pena o amenaza alguna, ya que sus actos delictivos son producto, como revelan los estudios, de un afán interno e irrefrenable proveniente de su condición. Tampoco es cierto que se disuadan, debido a la probabilidad del castigo, aquellos que actúan por impulso, lo que es apenas natural.
Ejemplo de esto es Estados Unidos, efectivo en lo judicial pero impotente frente a sus propios indices de criminalidad. Lo que prueba que estas conductas sociales suceden con cierta independencia al sistema penal, y el mejor camino a tomar es pre-delictivo, no es cuestión de eficacia de las penas. Es más razonable que sea verdad eso que mencionaste de la impunidad, aunque con las respectivas objeciones sobre la importancia de la regulación moral y cultural de la conducta, para otros delitos diferentes, como la corrupción, que al parecer no suscitan una respuesta tan emotiva entre nosotros.
Bueno mi estimado Andres, habrán muchas más cosas por decir y analizar, sin embargo pienso que está bien planteado para empezar. Es adecuado pensar en esto de la "intervención pertinente y justa" pero es en esto precisamente en que se desemboca en el perro rabioso. Que frágil es la línea que divide lo que es la justicia y de lo que es pertinente de lo que no lo es. Me gusta esto del “populismo punitivo" con el que se ha querido adoptar esta medida, con el fin de ganar adhesión política." .Y por último te sugiero "Vigilar y castigar" de Michel Foucault que no sé si sepas, pero más allá de Freud o Lacan es mi autor insignia.
ResponderEliminarA bueno, otra cosa es pensar que con las nuevas leyes para quienes roban lo celulares, son la solucion para evitar este crimen, es como actuar contra la punta del iceberg.
ResponderEliminarGracias por lo dicho Federico,aclara mi duda. Y por la sugerencia de ''Vigilar y Castigar'' a Sebastian(aunque no sea para mi).
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