lunes, 23 de mayo de 2011

CÓMO COMBATIR LA EXPLOTACIÓN ANIMAL Y HUMANA

Por Adriana García Arriola
La sociedad actual puede definirse como consumista compulsiva. La necesidad casi patológica de comprar artículos útiles e inútiles se apoderó de la mentalidad de la civilización y la clasificación jerárquica de la sociedad comenzó a depender del estatus económico de las personas. El mercado actual está conformado por millones de servicios y de productos cuya publicidad nos bombardea constantemente valiéndose de los diferentes medios de comunicación. La especialización laboral permite la continuación de un sistema económico en el cual el desequilibrio de la repartición de los recursos que cubren las necesidades básicas es evidente y alarmante. Un gran número de entidades políticas, religiosas y culturales (supuestas autoridades morales e intelectuales) se convirtieron en negocios lucrativos que se alimentan de las ideas dogmáticas que insertan en la sociedad.

Este panorama nada grato puede parecer un concepto paranoico, pero si analizamos con detenimiento la situación actual del planeta, prescindiendo de todos los eufemismos con los que nos referimos a ciertos temas para enterrar la culpa, nos daremos cuenta de que la situación es realmente grave y que todos, como elementos del sistema, somos responsables, directa o indirectamente, de esta problemática. Pero ¿por qué cuestionar la efectividad de un sistema económico que a simple vista ha facilitado la vida de los humanos? Las razones son muchas, pero pueden ser sintetizadas en una idea concisa: el grado de importancia que se les da a los seres vivientes depende totalmente de la utilidad que éstos le proporcionen al crecimiento económico. Este concepto carente de compasión y de justicia, cualidades que la humanidad se ha adjudicado con exclusividad, es el responsable de innumerables formas de sufrimiento de todas las especies animales, incluyendo a los humanos, y del exterminio masivo de las especies vegetales y de los recursos naturales.

Contrario a lo que la supuesta variedad de marcas empresariales nos indica, el monopolio mercantil se fortalece cada vez más, y a estas grandes empresas que se están posicionando a nivel mundial sólo les interesa la producción masiva a bajos costos. ¿Y cómo logran este objetivo? Realizando acciones antiéticas como la tala masiva de grandes extensiones selváticas, la explotación no sostenible de los recursos naturales, la contaminación de las aguas, la tierra y el aire, el exterminio de especies animales silvestres, la explotación inconcebiblemente cruel de las especies domésticas para la venta de mascotas y para la producción de los alimentos derivados de los animales, los experimentos altamente crueles a los que son sometidos millones de animales y que en la mayoría de los casos no proporcionan una información útil a la investigación, los experimentos genéticos que crean híbridos con falencias físicas dolorosas, la explotación de los trabajadores que realizan trabajos riesgosos a cambio de un salario irrisorio que no incluye atención médica en caso de accidentes, la utilización de químicos, hormonas y antibióticos que son perjudiciales para la salud de las especies animales y vegetales expuestas a ellos, la utilización irresponsable y desequilibrada de los alimentos que causa la muerte por inanición de millones de humanos y un sinnúmero de actos egoístas que afectan al planeta.

Esta es la realidad que se le oculta al consumidor; y las verdades que han logrado salir a la superficie gracias a los esfuerzos de las personas que alguna vez han estado inconformes con el sistema de producción masiva, han sido disfrazadas estratégicamente por las entidades políticas, religiosas y mercantiles, de forma que sus consecuencias parecen no ser tan graves. Inclusive algunas industrias han sabido aprovecharse de la consciencia ecológica que está surgiendo para lanzar al mercado productos que son supuestamente amigables con el medio ambiente, con el fin de atenuar la culpa de quien los compra. Ante tal suceso, la pregunta clave es ¿Qué puedo hacer como persona? Muchos dirán que una sola persona no puede cambiar el mundo ni derrumbar un sistema económico, pero tal suposición es la que permite que estas industrias sigan devorando los recursos naturales y las vidas de tantos seres indefensos. El cambio de actitud de un ser pensante puede transformar la conducta de los seres que lo rodean, y este acto, al igual que las fichas erguidas de un juego de dominó, puede formar una reacción en cadena que permitirá el justo bienestar de los seres que son oprimidos por este sistema que sólo vela por el beneficio de un sector mínimo de la población humana.

La solución de esta problemática no consiste en instaurar un sistema comunista que, como nos ha demostrado la historia, es tan inefectivo y tan desequilibrado en la práctica como el capitalismo. El verdadero papel de un consumidor consciente y responsable consiste en buscar todas las fuentes de información relativas a los productos que compra para poder tomar una decisión acorde a su escala de valores, abstenerse de comprar artículos anti ecológicos, crueles con los animales, o explotadores de un sector de la población humana, favorecer al mercado local y orgánico y practicar la autosuficiencia hasta donde sea posible. Este estilo de vida disminuye un poco las comodidades a las cuales estamos acostumbrados, sin embargo, es una responsabilidad que todos debemos adoptar. Y no debemos hacerlo por el planeta, ya que éste es lo suficientemente fuerte como para encontrar nuevamente el equilibrio que los humanos le hemos arrebatado. Debemos hacerlo por nosotros mismos y por los seres vivientes e inertes con los cuales compartimos el planeta. Si más del 50% de la población le exige a las industrias la producción de artículos sanos y libres de explotación, estas se verán obligadas a cambiar inmediatamente ya que su único objetivo es complacer a su fuente de dinero: los compradores.

1 comentario:

  1. La estrategia planteada es clara, pero ha probado no ser efectiva. Más bien es muy difícil de aplicar en tanto que el ser humano es un animal gregario. Han demostrado ser más realistas y efectivas las estrategias que divulgan la idea de la solidaridad ambiental desde esa inercia colectiva que es la moda: "Todos ya lo están haciendo, y tu?".
    El pesimismo que moviliza voluntades individuales es simplemente una utopía(cuando tiene vocación de estrategia explicita, como aquí), la idea debe formularse como colectiva desde un principio para dar al movimiento el componente de identidad que tanta comodidad nos presta. Es claro que la idea puede comenzar con un solo individuo, pero este debe ser astuto, tener la malicia de plantear sus ideales de forma tal que seduzca a sus contemporáneos con el hecho, no solo la promesa, de la masificacion, aunque esta sea pequeña (Un grupo pequeño de personas).

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